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En la guerra y en el amor… (La hija del regimiento)

La hija del regimiento

Pues sí, esta vez pasó poco tiempo entre dos posts. Y para escribir sobre “La hija del regimiento” de Gaetano Donizetti no hay que dejar que le crezca pelo a la oportunidad. Por eso que dicen que la pintan calva. No me hagan caso.

No hay mucho que pueda decir sobre LHDR que no esté en mil sitios –ya saben cuál es mi premisa aquí- así que no me detendré en previas. ¿Listos? ¡Vamos allá con el argumento!

Estamos en los inicios del siglo XIX durante las guerras napoleónicas en el tirol suizo. Hay una batalla (que no vemos, por cuestiones de presupuesto seguramente) mientras el pueblo hace un llamado  a la virgen para que termine la guerra. Y le da ocupado.
De camino a Austria, la marquesa de Berkenfeld y su mayordomo Hortensius se han tenido que detener por el combate con el que se cruza y enfadada habla (canta, bueno, que es ópera) sobre los malos modales de los franceses.
En eso llega el 21° regimiento dirigido por Sulpice quien les dice a todos que sus hombres devolverán la paz. Junto a Sulpice vemos a Marie que es una muchachita huérfana que el regimiento ha acogido como mascota y a quien todos los soldados del regimiento quieren como a una hija. Educada en cuarteles y en marcha, su comportamiento es rudo y falto de modales, pero es una muy buena cantante y es ella quien se encarga de la canción del regimiento que todos los demás corean. Qué conveniente que el personaje de una ópera sea una buena cantante. No se me hubiera ocurrido hacerlo… En fin, retomemos. Sulpice le pregunta a Marie por un muchacho con quien se la ha visto y ella cuenta que se trata de Tonio, un tirolés que le salvó la vida y que está enamorada de él. Por supuesto los soldados no están de acuerdo porque como todos se sienten los papás de Marie todos creen tener derecho de impedir que se case si el pretendiente no les parece adecuado. De pronto los soldados traen prisionero a un joven que merodeaba el campamento y no es otro que Tonio que buscaba a Marie (casualidades de la ópera, caso 3’242,148). Ella les explica a sus amigos soldados de quién se trata y entonces lo acogen como nuevo amigo y brindan con él mientras ella, claro, canta. Tonio debe seguir a los soldados pero en cambio busca a Marie para declararle su amor y como Sulpice los sorprende ella le dice a Tonio que solo puede casarse con un soldado del 21°.
En eso aparece la marquesa de Berkenfeld quien solicita a Sulpice una escolta para llegar al castillo. Cuando Sulpice escucha el nombre de la marquesa recuerda una carta que acompañaba a Marie cuando esta fue encontrada; entonces la marquesa admite que Marie es la hija perdida de una hermana suya que tuvo un desliz (¡qué puntería…!) con el capitán Robert, un miembro del regimiento, que ella debía cuidarla pero que se le perdió. Así, de una, como que la dejó por ahí y se olvidó.
En vista de los malos modales de la joven, la marquesa decide llevarla al castillo para darle una buena educación. Tonio, mientras esto sucede, trata de obtener permiso para cortejar a Marie pero los soldados se lo niegan porque no pertenece al regimiento. Entonces él decide por amor ingresar al regimiento y celebra (cantando el aria más conocida de la ópera) la oportunidad de ser militar y marido de la mujer que ama. ¡Buena Tonio, te queremos! Sin embargo la felicidad dura poco, porque Sulpice le confiesa que debe dejar partir a Marie con su tía la marquesa a vivir en el castillo y la joven se despide tristemente diciendo que aunque Tonio ingresó al regimiento eso no servirá de nada.

El segundo acto comienza en el castillo de Berkenfeld, donde también está Sulpice recuperándose de una herida. La marquesa trata de enseñarle modales refinados a Marie para que pueda casarse con un aristócrata, el hijo de la duquesa de Crakenthorpe. Mientras la marquesa prentende que Marie cante  romanzas clásicas ella y Sulpice cantan música militar y la marquesa, claro, explota, musicalmente hablando.
En eso llegan los demás soldados –y Tonio- supuestamente al matrimonio de Marie y todos cantan juntos, por la felicidad del reencuentro, una patriótica canción. Tonio le confiesa a la marquesa el amor que siente por Marie y que por ella se ha hecho soldado, a pesar de lo cual la marquesa le pide que se vaya, pues su sobrina está comprometida con otro hombre. Luego de esto la marquesa le confiesa a Sulpice que la que se “deslizó” fue ella y no su hermana, es decir que es ella la verdadera madre de Marie pero que la había abandonado temiendo el qué dirán.
Hortensius anuncia la llegada del séquito nupcial, encabezado por la duquesa de Crakenthorpe y su hijo. Marie no quiere saber nada del matrimonio con el Kraken pero Sulpice le cuenta que la marquesa es su verdadera madre, entonces ella acepta sumisamente estar con alguien a quien no ama pues no quiere contrariar a su madre. Disculpen que me meta pero: ¿su madre la abandonó por temor al qué dirán, se hace pasar por su tía y no le cuenta nada a ella sino a Sulpice y Marie acepta sumisamente? ¡Qué actitud tan S. XIX! Yo hubiera esperado que Marie se fuera con Tonio y los soldados y se hubiera casado en la primera notaría abierta. Bueno. Retomemos la transmisión oficial.
Cuando Marie está a punto de firmar el contrato de matrimonio llegan Tonio y los del 21° dispuestos a rescatar a la muchacha y cuentan a todos que ella fue la cantinera del regimiento. La duquesa se horroriza del pasado de la joven y ella declara su lealtad y amor por el regimiento y que lo daría todo por ellos. La marquesa, su madre, se conmueve ante esa muestra de amor y buen corazón y detiene la boda, dando su permiso para que Marie se case con Tonio. Felices todos, cantan otra vez el patriótico saludo que entonaron cuando volvieron a encontrarse en el castillo.

Como ven ópera cómica con argumento sencillo, fácil de seguir y preciosa de escuchar. Bueno eso último lo verán a continuación, porque toca poner los enlaces.

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Coro  de pobladores y Marquesa de Berkenfeld al inicio del primero acto: (F. Palmer como la marquesa)

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Marie canta la canción del regimiento ante los soldados y Tonio “Chacun le Sait, Chacun le Dit” (Natalie Dessay):

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Del mismo montaje y todavía en el primer acto Tonio y Marie en “Quoi, vous m’aimez?” (Juan Diego Flòrez y Natalie Dessay)

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Tonio canta la archiconocida “Ah mes amis” a sus nuevos colegas de armas. Sí Juan Diego Flórez.

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Marie canta “Il faut partir” cuando al final del primer acto debe abandonar a sus amigos para ir con su “tìa” (Diana Damrau)

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La lección de canto al inicio del segundo acto, “Le jour naissait dans la bocage”:

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Marie canta con los soldados la patriótica canción “Salut à la France” (Patrizia Ciofi):

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Tonio canta “Pour me rapprocher de Marie” confesándole a la marquesa que Marie es toda su vida. (Alfredo Kraus):

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La canción patriótica “Salut à la France” al final. ¿Por qué la pongo dos veces? Porque la cantan dos veces (Joan Sutherland):

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Bonus track. La òpera completa en el montaje del Royal Opera House, con Flórez, Dessay, Corbelli y Palmer. Yo que ustedes…

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Y ya. Eso es todo. Ahora seguro saben lo que sigue. Acá es donde yo digo que si se quieren comunicar conmigo o quieren preguntar o aportar lo hagan aquí o me busquen en Twitter como @Malfitan0 y que si quieren leer desde el comienzo comiencen por este post.

Yo ya estoy grande para enrolarme pero eso sí: si me tengo que asimilar al ejército por amor díganme dónde firmo. Mientras tanto seguiré parado en la esquina escuchando ópera.

¡Hagan fila que para todos tengo! (L’elisir d’amore)

Esta vez me demoré un poco para publicar la entrada. Es que dudaba sobre qué escribir y no por falta de óperas, más bien por exceso. Tuve que hacer un pequeño sondeo entre mis amigos para poder decidirme y finalmente optamos por esta. Tarde o temprano la hubiéramos tocado, porque es divertida, tiene un argumento fácil y arias conocidas; es decir la ópera perfecta para “Parado…”. Dicho sea de paso ya tengo prometidos por lo menos dos artículos escritos por amigos del blog, así que no faltará buena lectura. Cuando ellos escriban, claro. Como ya vieron en el título y en la imagen que acompaña al texto hoy nos dedicaremos a “El elixir de amor” de Gaetano Donizetti, una de las óperas más interpretadas de ese autor y de la lírica en general. ¿Han visto cómo ha mejorado mi técnica literaria? Llevo escrita una carilla B5 y todavía no he dicho nada. Si hasta parezco periodista de espectáculos… Bien, vamos al argumento:

La acción transcurre a finales del S. XVIII en un pueblo del país vasco francés o en una pequeña localidad italiana según qué versión del libreto, pero lo mismo podría ocurrir a la vuelta de la esquina porque en todas partes se cuecen habas.

Nemorino es un joven e ingenuo campesino que está enamorado de Adina, una hermosa terrateniente, que no es que precisamente le haga mucho caso al muchacho, más bien lo ignora en alta definición y sonido stereo. Adina está leyendo a sus trabajadores la historia de Tristán e Isolda y Nemorino se convence de que esa es la solución:  tomar una poción mágica que le asegure el amor de Adina. Por otro lado el joven está preocupado porque piensa que la muchacha está enamorada  del sargento Belcore, un tipo pomposo que aparece con su regimiento  y le propone matrimonio a la muchacha. También aparece el doctor Dulcamara, un charlatán, que vende una poción que según él lo cura todo. Nemorino le pregunta a Dulcamara si no tiene algo parecido a la poción amorosa de Isolda y ¡vaya casualidad! el doctor sí la tiene y el elixir cuesta exactamente todo el dinero que tiene Nemorino. Obviamente de elixir de amor poco y nada ya que se trata simplemente de vino de Burdeos, pero el estafador le dice al campesino que el brebaje surtirá efecto al día siguiente, tiempo suficiente para ponerse a buen recaudo. En cualquier caso Nemorino toma el elixir e inmediatamente comienza a sentir el efecto (en mi barrio a eso le decimos “estar picadito” pero se ve que Nemorino es de otro pueblo). Va en busca de Adina y a pesar de que ella se burla de él con ahínco y aplicación (cosa que denota que está interesada en el joven pero no quiere admitirlo) el muchacho se muestra indiferente, confiado en que al día siguiente la rica joven caerá encantada. La actitud de Nemorino molesta a Adina, quien estando comprometida en matrimonio con el sargento para dentro de seis días decide adelantar las nupcias al día siguiente so pretexto de que el sargento tiene órdenes de abandonar el pueblo de inmediato. Nemorino finge estar tranquilo ante la noticia pero, presa del pánico, vuelve a pedir ayuda al buenazo de Dulcamara.

En la fiesta de bodas mientras Adina espera la llegada del notario, aparece Nemorino quien asustado ante el inminente matrimonio de su amada le pide a Dulcamara, quien por ahí andaba bebiendo, que le de otra dosis del elixir para que la bella se decida finalmente, pero como no lleva dinero el farsante no le entrega nada, dejándolo solo y triste. Aparece el sargento Belcore preocupado porque Adina está retrasando sin razón aparente la firma del contrato matrimonial y al ver a Nemorino le pregunta el por qué de su tristeza. Cuando el joven le confiesa que es porque no tiene dinero el sargento le ofrece veinte escudos pagaderos en el acto si se enrola en el ejército. El ingenuo acepta y corre en busca del charlatán por más poción amorosa mientras Belcore se felicita por haberse librado de su rival enviándolo a una segura muerte.

Más tarde todo el pueblo se entera de que Nemorino ha heredado una gran fortuna de un tío y el muchacho todavía no lo sabe. Cuando lo ven acercarse, visiblemente ebrio de “elixir”, las muchachas lo persiguen y le coquetean (solo voy a decir “billetera mata galán”) mientras él cree que se trata de los mágicos efectos de la poción. Adina al ver a Nemorino tan contento y rodeado de tantas jóvenes, y sin saber la novedad de la herencia, cree que el campesino la ha olvidado y se entristece. Le pregunta a Dulcamara qué ha sucedido y este, sin saber que el objeto del deseo de Nemorino es la propia Adina, le cuenta lo del elixir, el dinero y el enrolamiento en el ejército. Ella entonces se da cuenta de lo cruel que fue siempre y de lo mucho que el joven la ama y se retira acongojada mientras Dulcamara piensa que esa repentina iluminación de la muchacha también debería ser curada con una poción.

Vemos a Nemorino recordando el día que vio una lágrima furtiva en los ojos de Adina y convencido en base a esa sola lágrima que ella lo ama (sí señores la famosa aria). Ella aparece y le pregunta por qué se enroló en el ejército. Él le miente y le dice que en busca de un futuro mejor. Ella entonces le confiesa que ha comprado su contrato con el ejército, se lo entrega y le dice que ahora es libre, que puede marcharse o quedarse en el pueblo y se aleja. Nemorino al ver que el elixir no ha funcionado, que Adina se retira sin haber caído en sus brazos, piensa que no vale la pena seguir allí y que bien podría sumarse al ejército y morir como soldado. Cuando Adina ve que el muchacho se va lo detiene, le confiesa que ella lo ama y le pide que la perdone, lo cual él hace con un beso (hay pruebas técnicas que confirman que en la ópera un beso es más fuerte que una yunta de bueyes). Ingresa el sargento que los ve abrazados, Adina le hace saber sobre sus verdaderos sentimientos y deshace el contrato matrimonial, cosa que Belcore se toma a bien (no por nada el apellido) diciendo que el mundo está lleno de mujeres y él puede tomar a cualquiera.

Dulcamara, que no deja escapar una buena idea de negocio así se encuentre enterrada en el fondo del mar, declara a voces que toda la situación es a causa de su magnífico elixir de amor el cual está dispuesto a entregar sin costo al sargento para su próxima conquista. Mientras tanto todos los presentes, estando de acuerdo en que el elixir es verdaderamente mágico, compran botellas y botellas de la poción y despiden con cariño al maestre quien emprende viaje, seguramente buscando otro Nemorino a quien embaucar.

Como ven una joya de argumento a la que no he tenido que colgarle luces para que brille. Vamos ahora con algunos enlaces que le hagan justicia a la trama:

Aquí tenemos a Luciano Pavarotti como el joven y tímido Nemorino cantando “Quant’è bella quant’è cara”.

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Belcore le canta a Adina, para convencerla de su amor.

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Nemorino intenta declararle su amor a Adina: “Una parola, o Adina” (Netrebko y Villazón).

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Dulcamara, vendiendo sus brebajes “Udite, udite, o rustici”.

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Otra vez Netrebko y Villazón en “Esulti pur la barbara” cuando Nemorino está bajo el influjo del “elixir”.

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Así comienza el segundo acto.

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Nemorino recordando la lágirma que vio en el rostro de Adina. Juan Diego Florez.

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Cuando Adina le entrega a Nemorino el contrato de enrolamiento y lo libera. “Prendi, per me sei libero”.

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Y la ópera termina con el doctor Dulcamara exponiendo las bondades de sus pócimas mientras se despide del pueblo. “Ei corregge ogni difetto”.

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Por hoy tuvimos suficiente. Siempre hay más de donde saqué estas…
Ya saben cómo encontrarme y qué les sugiero escuchar si es la primera vez que visitan este blog. Ahora los dejo. Me han entrado ganas de un tinto y me parece que he visto a Dulcamara parado en la esquina escuchando ópera.