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Por vos muero (Werther)

Werther afiche

Hoy me toca escribir algo difícil. Corto y difícil. No por la ópera en sí sino porque el argumento no se prestaría aparentemente para el estilo del blog donde la consigna es desacralizar la ópera y tomar todo con soda, pero ¿si escribí  sobre Parsifal sin perder la sonrisa por qué no podría hacer lo mismo con el joven y melancólico Werther? Además resulta que en pocos días iré a ver esa ópera en la transmisión del Met en la que cantará el gran Jonas Kaufmann (¡SEÑORITAS POR FAVOR! ¡SERIEDAD!) así que es un buen momento para encarar esta obra de Massenet.

A manera de introducción diré que Werther es una ópera en cuatro actos en la que los dos últimos se representan sin interrupción basada en la novela “Los sufrimientos del joven Werther” de Goethe y que el papel principal de esta ópera se considera central en la carrera de un tenor, por eso Kaufmann la rom¡SEÑORITAS! ¿OTRA VEZ? Bueno, ya; que es tan difícil como el Tristán e Isolda. Así no se puede explicar nada… Mejor vamos a divertirnos con el argumento.

Estamos en 1780. Mientras su padre juega con los hermanos pequeños vemos a Charlotte que se viste para asistir a una fiesta. Como su novio Albert está de viaje la acompañará Werther (mhmmm…) quien llega y la ve preparando la cena para sus hermanitos como lo hacía su madre antes de morir. Salen a la fiesta y como esto es ópera ¿qué creen que sucede? Pues claro: Albert regresa inesperadamente y al no encontrar a Charlotte sospecha lo peor. Sin embargo Sophie, la hermana de Charlotte, le dice que no sea payaso (seguro usó otras palabras) y que no se preocupe, entonces Albert promete regresar al día siguiente. A todo esto Charlotte y Werther regresan muy tarde de la fiesta y como no podía ser de otra manera él ya está loco calato de amor por ella. Mientras se le declara les llega el anuncio del regreso de Albert, Charlotte recuerda haber prometido a su madre moribunda casarse con él y Werther se muere de la angustia (de la angustia por ahora).

Para el inicio del segundo acto ya pasaron tres meses (lo siento Aristóteles, Goethe fue más) y Albert y Charlotte están casados. Los vemos entrar a la iglesia felices y a Werther detrás de ellos con cara de melancolía mortal (mhmmm…) mientras que Sophie trata de animarlo y él le cuenta sobre la primera vez que vio a Charlotte. Por su parte Charlotte le pide a Werther que no la busque hasta Navidad (Oh… son como nueve meses… Werther no va a aguantar…) y él comienza a pensar en el suicidio (¡Lo dije! No iba a aguantar…). Sophie llora, Charlotte la consuela y Albert, quien ya nos cae mal, se da cuenta que Werther está enamorado de Charlotte.

En el tercer acto (acá las cosas avanzan rápido) ya es Navidad y vemos a Charlotte releyendo las cartas de Werther pensando en cómo tuvo la fuerza para alejarlo. En eso aparece él (¿les conté que estoy escribiendo “La ópera y las coincidencias espacio temporales”? ¿No?) quien se da cuenta que Charlotte también está enamorada. Se abrazan pero ella le dice que se vaya y Werther piensa en el suicidio (No pues Werther… Este amor no es para cobardes…). Albert regresa y encuentra a su esposa intranquila; en eso llega un mensaje del joven emo pidiéndole a Albert sus pistolas prestadas porque se va de viaje, a lo que Albert accede y las envía con un sirviente. Charlotte, quien sabe todo y presiente más, se imagina lo que va a pasar y se va corriendo a buscar a Werther pero llega tarde: el muchacho está agonizando. Ella lo consuela confesándole su amor (un poco tarde para mi gusto) y él le pide perdón por lo que acaba de hacer. Así muere. Charlotte se desvanece y escuchamos de fondo unos niños cantando.

Triste final para una ópera; no todas pueden ser Falstaff.

Ahora vamos con unos pasajes musicales, ¿quieren?

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Aquí tenemos a José Carreras cantando, del primer acto “Ô Nature, pleine de grâce”.

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Villazón y Susan Graham en el final del primer acto.

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En el segundo Sophie canta “Du gai soleil, plein de flamme”aquí por Kathleen Battle.

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En el tercero Charlotte canta “Va! laisse couler mes larmes”. Esta vez es la Mezzo Sophie Koch.

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También del tercer acto el aria de las cartas (“Werther! Qui m’aurait dit /Ces lettres!”) por la Garanca:

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Y para terminar la archiconocida “Pourquoi me reveiller” por el famoso tenor Jonas Kaufmann

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Hermosa ópera, grandes arias, increíbles cantantes. (¡A VER ESE CHICO DE BARBA! ¡ME RETIRA INMEDIATAMENTE LA FOTO TAMAÑO NATURAL DE KAUFMANN! ¡ESTE ES UN BLOG SERIO!)

Les recordaré que para comentarios, aportes, maldiciones y demás pueden escribirme aquí mismo y en Facebook, o buscarme en Twitter como @Malfitan0. ¿Primera vez que entran y quieren leer más? Comiencen por aquí para que sepan excusar esta locura. Yo por mi parte, cuando termine de desalojar al club “Novias y viudas de Jonas Kaufmann” me iré a relajar un poco parado en la esquina escuchando ópera.

Otra vez…

Hola. Dejé pasar un tiempo. Fue un año entero escribiendo aquí. Veinticuatro entradas. Veinticuatro óperas diferentes en un año, más de lo que pensé que escribiría. Algunas entradas estuvieron bien, otras no tanto, pero es lo que hay. Después de todo la idea era tratar de quitarle a la ópera el traje y el vestido largo (algunos siguen yendo así a la ópera, aunque sea un sábado al mediodía en un cine) y ponerle jeans y zapatillas mientras la escuchamos en una esquina con audífonos con diseño de calavera. Sin embargo había que hacer una pausa y ver si valía la pena seguir y cómo  seguir y qué cambiar –mejorar no sé si sepa-. Y bueno, estoy escribiendo, así que parece que seguimos.

La segunda temporada de “Parado…” comienza acá, pero con algunos cambios. En primer lugar espero poder escribir más frecuentemente o por lo menos con una mayor regularidad. Ni todas las semanas ni cada dos meses. Veremos. Las entradas serán más cortas, más resumidos los argumentos; después de todo existe Wikipedia. Entras acá, le das una mirada y si quieres saber más consultas la Wiki. Lo mismo con los videos. Tres o cuatro (alguno más si justifica) y para el resto Youtube o cualquier otro servidor de videos. También espero que ustedes aporten, sugieran y pidan. Eso ya lo hice en la primera temporada y tuve algún éxito; solo espero que aumente. Todavía sigo esperando tres artículos que me ofrecieron…  Seguro este año 😀
Bueno, eso. Arrancamos con “Parado en la esquina escuchando ópera” … todavía.

Sansón y Dalila

Para esta primera entrada me estuve guardando “Sansón y Dalila” de Camille Saint-Saënz, ópera en tres actos basada aunque cueste creerlo en el drama de Shakespeare “Romeo y Julieta”.
Esta ópera fue estrenada en el año 1877 y cabe mencionar como dato relevante que lo de arriba fue un chiste porque obviamente está basada en la historia bíblica de Sansón y Dalila y cualquiera que haya leído antes “Parado…” tiene que haberse dado cuenta de la broma.
Seguimos. Siendo la única obra de CSS que se representa regularmente es curioso que dos de sus arias sean muy conocidas. Las dos de la mezzo.
Basada en la biblia sí, pero no deja de ser una historia de amor y sacrificio. ¿Hará falta que resuma el argumento?¿No lo conocerá todo el mundo ya?¿No lo habrán visto aunque sea en TV en esos especiales de semana santa? De cualquier manera y para seguir con la tradición de “Parado…” vamos a resumirlo.

Sansón era el lider del pueblo elegido:  Alto, inteligente, buena gente, simpático y con una gran fuerza espiritual y física, pero con una vulnerabilidad para que recordase siempre que era un humano: la fuerza venía de su cabello y si lo perdía o si se lo cortaba también perdería su fuerza. ¿Han visto acaso alguna peluquería que se llame “Sansón”? Piénsenlo…
En eso conoce a Dalila, una hermosa filistea a quien el sumo sacerdote de su pueblo le había encomendado la misión de enamorar a Sansón para averiguar el secreto de su poder y así poder derrotarlo. Lo que sigue se lo imaginan aunque nunca hayan oído la historia: Sansón se enamora de Dalila y le cuenta su secreto. Ella entonces, una noche, le corta a Sansón el cabello y lo entrega a los soldados. Entrega a Sansón, no el cabello; que yo sepa no había negocios de pelucas en esa zona. Sansón ya debilitado es tomado prisionero, le son arrancados los ojos y es encadenado como si fuera un esclavo para escarnecerlo.

Sansón se lamenta, arrepentido de su debilidad, mientras es vilipendiado por su pueblo. Durante una ceremonia en el templo de Dagón, dios de los filisteos, Sansón implora al cielo que le devuelva su fuerza sobrehumana a fin de poder sacrificar su vida en nombre del señor. Como al señor estos finales aparatosos parece que le gustan,  la fuerza le es devuelta y Sansón derriba las columnas del templo muriendo él con todos los filisteos. Y Dalila. Y los peluqueros.

Esa es la historia de Sansón y Dalila. Con así de poquito se arma un relato bíblico, ¿ven? Y también una ópera, ya que estamos… Vamos con unos videos para cerrar.

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Aquí Elina Garanca en concierto canta el aria “Mon coeur s’ouvre à ta voix” el aria más conocida.

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La misma aria por Shirley Verret, en este caso durante una representación

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María Callas canta “Printemps qui commence” la otra aria famosa de la ópera.

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José Carreras canta “Vois ma misère, hélas!”

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Regalo final: Placido Domingo y Olga Borodina en el Metropolitan Opera de NY. Completa.

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ADDENDA

@capricho_x me dice que «no es “Sansón y Dalila” si no hay “Danza Bacanal”» así que aquí la agrego. (Gracias por el aporte :-D)

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Y eso es  todo. Breve y directo. La ópera no necesita que yo la adorne, solo que la exponga.

Como siempre si quieren leer más comiencen acá y si quieren comentar, aportar o pedir escriban aquí mismo o búsquenme como @Malfitan0 en Twitter.

Mientras veo cómo me crece el pelo voy a estar aquí, parado en la esquina escuchando ópera… todavía.

¡Hagan fila que para todos tengo! (L’elisir d’amore)

Esta vez me demoré un poco para publicar la entrada. Es que dudaba sobre qué escribir y no por falta de óperas, más bien por exceso. Tuve que hacer un pequeño sondeo entre mis amigos para poder decidirme y finalmente optamos por esta. Tarde o temprano la hubiéramos tocado, porque es divertida, tiene un argumento fácil y arias conocidas; es decir la ópera perfecta para “Parado…”. Dicho sea de paso ya tengo prometidos por lo menos dos artículos escritos por amigos del blog, así que no faltará buena lectura. Cuando ellos escriban, claro. Como ya vieron en el título y en la imagen que acompaña al texto hoy nos dedicaremos a “El elixir de amor” de Gaetano Donizetti, una de las óperas más interpretadas de ese autor y de la lírica en general. ¿Han visto cómo ha mejorado mi técnica literaria? Llevo escrita una carilla B5 y todavía no he dicho nada. Si hasta parezco periodista de espectáculos… Bien, vamos al argumento:

La acción transcurre a finales del S. XVIII en un pueblo del país vasco francés o en una pequeña localidad italiana según qué versión del libreto, pero lo mismo podría ocurrir a la vuelta de la esquina porque en todas partes se cuecen habas.

Nemorino es un joven e ingenuo campesino que está enamorado de Adina, una hermosa terrateniente, que no es que precisamente le haga mucho caso al muchacho, más bien lo ignora en alta definición y sonido stereo. Adina está leyendo a sus trabajadores la historia de Tristán e Isolda y Nemorino se convence de que esa es la solución:  tomar una poción mágica que le asegure el amor de Adina. Por otro lado el joven está preocupado porque piensa que la muchacha está enamorada  del sargento Belcore, un tipo pomposo que aparece con su regimiento  y le propone matrimonio a la muchacha. También aparece el doctor Dulcamara, un charlatán, que vende una poción que según él lo cura todo. Nemorino le pregunta a Dulcamara si no tiene algo parecido a la poción amorosa de Isolda y ¡vaya casualidad! el doctor sí la tiene y el elixir cuesta exactamente todo el dinero que tiene Nemorino. Obviamente de elixir de amor poco y nada ya que se trata simplemente de vino de Burdeos, pero el estafador le dice al campesino que el brebaje surtirá efecto al día siguiente, tiempo suficiente para ponerse a buen recaudo. En cualquier caso Nemorino toma el elixir e inmediatamente comienza a sentir el efecto (en mi barrio a eso le decimos “estar picadito” pero se ve que Nemorino es de otro pueblo). Va en busca de Adina y a pesar de que ella se burla de él con ahínco y aplicación (cosa que denota que está interesada en el joven pero no quiere admitirlo) el muchacho se muestra indiferente, confiado en que al día siguiente la rica joven caerá encantada. La actitud de Nemorino molesta a Adina, quien estando comprometida en matrimonio con el sargento para dentro de seis días decide adelantar las nupcias al día siguiente so pretexto de que el sargento tiene órdenes de abandonar el pueblo de inmediato. Nemorino finge estar tranquilo ante la noticia pero, presa del pánico, vuelve a pedir ayuda al buenazo de Dulcamara.

En la fiesta de bodas mientras Adina espera la llegada del notario, aparece Nemorino quien asustado ante el inminente matrimonio de su amada le pide a Dulcamara, quien por ahí andaba bebiendo, que le de otra dosis del elixir para que la bella se decida finalmente, pero como no lleva dinero el farsante no le entrega nada, dejándolo solo y triste. Aparece el sargento Belcore preocupado porque Adina está retrasando sin razón aparente la firma del contrato matrimonial y al ver a Nemorino le pregunta el por qué de su tristeza. Cuando el joven le confiesa que es porque no tiene dinero el sargento le ofrece veinte escudos pagaderos en el acto si se enrola en el ejército. El ingenuo acepta y corre en busca del charlatán por más poción amorosa mientras Belcore se felicita por haberse librado de su rival enviándolo a una segura muerte.

Más tarde todo el pueblo se entera de que Nemorino ha heredado una gran fortuna de un tío y el muchacho todavía no lo sabe. Cuando lo ven acercarse, visiblemente ebrio de “elixir”, las muchachas lo persiguen y le coquetean (solo voy a decir “billetera mata galán”) mientras él cree que se trata de los mágicos efectos de la poción. Adina al ver a Nemorino tan contento y rodeado de tantas jóvenes, y sin saber la novedad de la herencia, cree que el campesino la ha olvidado y se entristece. Le pregunta a Dulcamara qué ha sucedido y este, sin saber que el objeto del deseo de Nemorino es la propia Adina, le cuenta lo del elixir, el dinero y el enrolamiento en el ejército. Ella entonces se da cuenta de lo cruel que fue siempre y de lo mucho que el joven la ama y se retira acongojada mientras Dulcamara piensa que esa repentina iluminación de la muchacha también debería ser curada con una poción.

Vemos a Nemorino recordando el día que vio una lágrima furtiva en los ojos de Adina y convencido en base a esa sola lágrima que ella lo ama (sí señores la famosa aria). Ella aparece y le pregunta por qué se enroló en el ejército. Él le miente y le dice que en busca de un futuro mejor. Ella entonces le confiesa que ha comprado su contrato con el ejército, se lo entrega y le dice que ahora es libre, que puede marcharse o quedarse en el pueblo y se aleja. Nemorino al ver que el elixir no ha funcionado, que Adina se retira sin haber caído en sus brazos, piensa que no vale la pena seguir allí y que bien podría sumarse al ejército y morir como soldado. Cuando Adina ve que el muchacho se va lo detiene, le confiesa que ella lo ama y le pide que la perdone, lo cual él hace con un beso (hay pruebas técnicas que confirman que en la ópera un beso es más fuerte que una yunta de bueyes). Ingresa el sargento que los ve abrazados, Adina le hace saber sobre sus verdaderos sentimientos y deshace el contrato matrimonial, cosa que Belcore se toma a bien (no por nada el apellido) diciendo que el mundo está lleno de mujeres y él puede tomar a cualquiera.

Dulcamara, que no deja escapar una buena idea de negocio así se encuentre enterrada en el fondo del mar, declara a voces que toda la situación es a causa de su magnífico elixir de amor el cual está dispuesto a entregar sin costo al sargento para su próxima conquista. Mientras tanto todos los presentes, estando de acuerdo en que el elixir es verdaderamente mágico, compran botellas y botellas de la poción y despiden con cariño al maestre quien emprende viaje, seguramente buscando otro Nemorino a quien embaucar.

Como ven una joya de argumento a la que no he tenido que colgarle luces para que brille. Vamos ahora con algunos enlaces que le hagan justicia a la trama:

Aquí tenemos a Luciano Pavarotti como el joven y tímido Nemorino cantando “Quant’è bella quant’è cara”.

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Belcore le canta a Adina, para convencerla de su amor.

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Nemorino intenta declararle su amor a Adina: “Una parola, o Adina” (Netrebko y Villazón).

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Dulcamara, vendiendo sus brebajes “Udite, udite, o rustici”.

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Otra vez Netrebko y Villazón en “Esulti pur la barbara” cuando Nemorino está bajo el influjo del “elixir”.

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Así comienza el segundo acto.

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Nemorino recordando la lágirma que vio en el rostro de Adina. Juan Diego Florez.

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Cuando Adina le entrega a Nemorino el contrato de enrolamiento y lo libera. “Prendi, per me sei libero”.

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Y la ópera termina con el doctor Dulcamara exponiendo las bondades de sus pócimas mientras se despide del pueblo. “Ei corregge ogni difetto”.

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Por hoy tuvimos suficiente. Siempre hay más de donde saqué estas…
Ya saben cómo encontrarme y qué les sugiero escuchar si es la primera vez que visitan este blog. Ahora los dejo. Me han entrado ganas de un tinto y me parece que he visto a Dulcamara parado en la esquina escuchando ópera.

Mi prima es una santa. Lescaut: preséntame a la tuya (Manon)

Hoy comenzamos esto aclarando una confusión. O confundiendo un poco más, a ver qué sale. Es que como habrán visto por el título hablaremos de Manon, la de Massenet de 1884. No de Manon Lescaut de Puccini de 1893, aunque ambas se inspiran en “Historia de Manon Lescaut y del caballero Des Grieux” del Abate Prévost, pero no son iguales ni entre ellas ni con la fuente literaria. Pero se parecen. Entre ellas y con la fuente literaria. Por eso pasa que a veces tú hablas de la de Massenet y creen que hablas de la de Puccini o viceversa. En resumen ahora hablaremos de la de Massenet. Punto. Quizás más adelante escribamos sobre la de Verdi, porque a mí Verdi me gusta mucho. Acá es donde entraría en escena Rhett Butler y diría “francamente querido me importa un bledo”, pero como el blog es mío y yo dejo entrar a quien quiero haremos que el viento se lleve ese comentario, aunque francamente queridos lectores a nadie le importa un bledo que a mí me guste Verdi. Volvamos a la ópera y vayamos directamente al argumento.

La acción transcurre en Francia en 1721. En una posada en Amiens se ve a dos clientes, Guillot y De Brétigny, que llegan con unas amigas suyas que son actrices. Digamos actrices. Entretanto llega el joven militar Lescaut con dos compañeros quienes entran a la posada mientras él se queda a esperar la diligencia en la que llegará su prima Manon quien ingresará a un convento. Cuando ella llega y Lescaut se presenta -pues no se conocen- y comenta su belleza (la de ella porque él no es Narciso) Manon le dice que está cansada y confundida. Mientras Lescaut se encarga del equipaje de su prima, Guillot que quedó embelesado con la futura novicia le propone que huya con él y la muchacha se le ríe en la cara, aunque el caballero insiste ofreciéndole el coche que está por llegar si acaso cambia de opinión. Vuelve Lescaut y previene a su prima sobre las proposiciones que podría recibir, mientras ella resignada admira los vestidos de las actrices. Digamos actrices. En eso aparece el joven caballero Des Grieux quien mientras piensa en una reunión que sostendrá con su padre descubre a Manon y ambos quedan súbitamente enamorados. Súbitamente enamorados el uno del otro, menos mal, caso contrario el argumento no avanzaría. Manon le confiesa que va a recluírse en un convento y Des Grieux le pide que se fugue con él a París. Ella acepta y cuando llega el coche solicitado por Guillot montan en él y huyen. Luego reaparecen Lescaut y Guillot y el primero enfurecido culpa al segundo de haber raptado a su prima, pero el posadero, que vio todo, les cuenta lo ocurrido y los presentes se burlan de Guillot quien jura vengarse.

Manon y Des Grieux viven en un departamentito en París y se ve al joven escribiendo una carta a su padre en la que le pide su consentimiento para desposar a Manon quien, ahora lo sabemos, tiene dieciséis años (¡Ay Francia!). Entonces ingresan dos hombres uniformados, Lescaut y su amigo De Brétigny, dispuestos a llevarse a Manon. Lescaut discute con Des Grieux, quien le asegura que sus intenciones son buenas, mientras que De Brétigny, quien quiere ser el amante de Manon (¡Ay Francia!) le confiesa a la muchachita que el padre de Des Grieux vendrá esa misma noche a llevarse a su hijo por la fuerza y la convence de no revelárselo a su novio mientras le habla de las riquezas que tendrá si lo acepta a él como su amante. Los uniformados visitantes se van y mientras Des Grieux se dirige a enviar la carta, Manon se queda en la habitación pensando en lo débil que es la carne y lo fuerte y brillante que es el oro. Luego retorna el joven enamorado y mientras le cuenta a Manon el hermoso sueño que ha tenido llaman a la puerta. Manon le pide que no atienda sin embargo Des Grieux lo hace y se escucha algo que suena casi como un batiburrillo (disculpen, hace cuantro años que quería escribir esta palabra) y el joven Des Grieux ya no regresa.

Estamos ahora en una elegante calle de París. De un local salen de bailar las actrices que vimos al comenzar la obra. Digamos actrices. Luego vemos a Lescaut, Guillot y De Brétigny quien habla de Manon, que ahora vive con él. Aparece ella, feliz de disfrutar la juventud y causando como siempre admiración en todos. De Brétigny se encuentra con el conde Des Grieux, padre del anterior amante de Manon, quien le cuenta que su hijo está a punto de convertirse en cura. Manon al escuchar esto pregunta más, aduciendo ser una amiga de la antigua amante del seminarista, y el conde le cuenta que su hijo ya casi dejó de llorar de pena cada noche.
Aparece Guillot acompañado de mucha gente porque todavía pretende impresionar a Manon, pero ella, impresionada más bien por las novedades que acaba de recibir sobre su ex, ignora a Guillot (otra vez) y marcha en un coche al seminario de St. Sulpice donde se encuentra Des Grieux. Una vez allí vemos que el conde intenta disuadir a su hijo de abrazar el sacerdocio habiendo tantas cinturas sin alguien que las abrace en París, pero el joven solo quiere olvidar a Manon. Difícil, porque ella acaba de llegar y le pide que la perdone, ante lo cual y luego de una breve negativa, el muchacho todavía enamorado accede; entonces los dos se marchan juntos.

En una sala de juego de París vemos, entre otros, a Lescaut acompañado por las actrices. Digamos actrices. También vemos a Guillot y luego a Manon quien trae consigo a Des Grieux en contra de su voluntad. Manon y Lescaut convencen al exseminarista de probar fortuna en las mesas de juego y le va bien. Tan bien que le gana tantas veces a Guillot que este lo acusa de estar haciendo trampa y abandona la sala amenazando a Des Grieux, de quien ahora todos sospechan. Regresa Guillot con la policía quie viene a arrestar a Des Grieux por tramposo y a Manon como cómplice. Entra el padre de Des Grieux y le promete que pronto estará libre, pero no perdona a Manon por haber una y otra vez torcido el destino de su hijo, mientras que a Guillot se le ponen los dientes largos pensando en la venganza.

Lescaut y Des Grieux están en un alto del camino hacia Le Havre, donde se ve un convoy que transporta a Manon junto con unas prostitutas (digamos que no son actrices) para deportarlas. Tratan de asaltar el convoy pero algo sale mal y Manon resulta gravemente herida. El sargento que conduce a las prisioneras acepta dejar a Manon con su primo y este a su vez la deja a solas con Des Grieux para que puedan charlar. El joven promete rescatarla, pero ella solo se consuela pensando en su antigua felicidad. Ya sin fuerzas no puede hacer nada para huir y muere ante la desesperación hecha grito de Des Grieux.

No quiero agregar nada. Tampoco podría. Entre Manon, su primo, Guillot, Des Grieux y las actrices (digamos actrices) ya lo dijeron todo. Vamos con los enlaces.

Aquí vemos a Manon, cuando llega en la diligencia, se encuentra con su primo y le dice que todavía está aturdida.

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Mientras mira resignada los vestidos de las actrices, Manon canta “quedémonos aquí”.

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Manon y Des Grieux en el departamentito de París mientras escriben la carta.

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Aquí Des Grieux y Manon cantan antes que llamen a la puerta para llevárselo a la fuerza.

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Cuando en el tercer acto Manon canta sobre aprovechar la juventud.

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Des Grieux en el seminario tratando de olvidar a Manon.

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Escena final, entre Des Grieux y Manon.

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Lo diré una vez más: si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si deseas opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.

Para terminar un consejo. Si tienes una prima con una vida un tanto complicada no te metas; mejor quédate parado en la esquina escuchando ópera.

Claro que tengo las manitas frías, si en tres actos más me muero… (La Bohème)

Y finalmente llegó. Tenía que estar. “La Bohème” de Puccini es una de las óperas más conocidas y a la que se le tiene más cariño entre los artistas. ¿Por qué? Porque cualquiera que en algún grado haya estado relacionado al arte se ve reflejado en uno o más de los personajes de esta obra. Bohemios, divertidos, sufrientes y solidarios, siempre con la esperanza de dar el gran paso o morir en el intento. Y no hablo de artistas del siglo XIX. Acá cerca, hoy, hay quienes sienten así. Después te regalo un enlace al respecto.

Esta ópera se estrenó en Turín en 1896 pero ya sabes: para eso está Wikipedia. Vamos con el argumento.

La acción transcurre en París alrededor de 1830. En la buhardilla donde viven, Marcello el pintor trabaja en un cuadro mientras Rodolfo busca inspiración poética en la ventana. Como hace frío y no tienen dinero se calientan quemando las hojas sobre las que escribía un drama. Colline, que es filósofo, entra enfadado por no haber obtenido dinero, mientras que Schaunard, el músico, llega con víveres y madera para calentarse ya que ha conseguido un trabajo temporal. Así se nos presenta la vida de estos artistas. Deciden ir a celebrar el éxito de Schaunard en el Barrio Latino en lugar de pagarle la deuda al casero. Así se nos presenta la vida de estos artistas…
Salen todos excepto Rodolfo que se queda para avanzar su obra prometiendo alcanzarlos luego. En eso llega Mimí, una modista que vive en el edificio, pidiendo fuego para su vela. De pronto se quedan a oscuras y mientras buscan la llave que ha perdido Mimí, pero que Rodolfo ha encontrado y esconde, aprovechan para contarse sus vidas. (Aquí es donde se interpretan las arias más conocidas de esta ópera). Luego Mimí acompaña a Rodolfo  a festejar con sus amigos.

Más adelante los amigos y Mimí disfrutan en un café del Barrio Latino y entra Musetta, la ex de Marcello, quien ahora está comprometida, sólo por interés, con Alcindoro, un viejo ministro del gobierno. Musetta trata de dar celos a Marcello fingiendo que dedica una canción a Alcindoro. Marcello se muestra celoso y Musetta envía a su novio fuera con un pretexto para poder estar a solas con el pintor y reconciliarse. A la hora de irse, como no tienen suficiente dinero para pagar la cuenta, Musetta decide cargarlo todo a la cuenta de Alcindoro.

Al cabo de un tiempo Mimí busca a Marcello para contarle que Rodolfo ha abandonado la casa , a lo que Marcello contesta contándole que Rodolfo se ha quedado a dormir con él. Justamente aparece el poeta, y Mimí se oculta para poder escuchar. Entonces oye que Rodolfo le confiesa a su amigo pintor que ha abandonado a Mimí fingiendo no amarla porque cree que estando con él la enfermedad mortal de Mimí (tuberculosis) avanza más rápidamente, y él prefiere que ella lo olvide para que pueda unirse a alguien que le ofrezca un futuro mejor. Mimí descubre su escondite tosiendo y mientras Marcello los deja solos para ir a encontrarse con Musetta, Rodolfo y Mimí deciden permanecer juntos hasta la primavera. (Aquí se da un cuarteto maravilloso entre Rodolfo y Mimí enamoradísimos y a la distancia Marcello y Musetta en una gran pelea).

Tiempo después, en la buhardilla, mientras Marcello y Rodolfo lamentan la pérdida de sus amores, Musetta entra con una grave noticia: ha encontrado a Mimí vagando por las calles muy enferma luego de haber abandonado a su protector, un vizconde, con quien se había unido en la primavera. Musetta la ha traído con ella y todos, preocupados, salen para conseguir dinero y medicinas con el fin de ayudarla, dejando solos a Mimí y Rodolfo quienes recuerdan con cariño los momentos felices que vivieron juntos. Cuando los amigos regresan con alguna medicina y la promesa de la llegada de un doctor y mientras Musetta reza una plegaria, Mimí queda inconsciente. Poco después Schaunard descubre que Mimí ha muerto. Rodolfo entonces grita y llora sin consuelo.

No hace falta agregar nada. Dejemos que la música se encargue.

Rodolfo le canta a Mimí en el primer acto “Chè gelida manina” (Qué manita tan fría) mientras supuestamente buscan la llave a oscuras. (Roberto Alagna)

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Un jovencísimo Luciano Pavarotti cantando la misma pieza

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Mimí canta “Si, mi chiamano Mimí” (Sí, me llaman Mimí) en la misma escena. Aquí interpretada por Angela Gheorghiu

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“O soave fanciulla” (Oh adorable muchacha) cantada en esta versión en video por Rolando Villazón y Anna Netrebko

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Musetta canta “Quando m’en vo'” (Cuando me voy) para hacer arder en celos a Marcello ante la presencia de Alcindoro. Es una puesta muy divertida. (Segundo acto)

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La misma aria por Diana Damrau, una soprano que vale la pena escuchar.

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Este es el cuarteto del tercer acto donde se contraponen Rodolfo, Mimí, Marcello y Mosetta. “Addio dolce svegliare alla mattina” (Adiós dulce despertar al amanecer)

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“Sono andati?” (¿Se fueron?). Pieza del cuarto acto. Aquí con Plácido Domingo y Mirella Freni

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Hay muchísimo más por escuchar de esta ópera, pero para comenzar es suficiente. Ya tienes un camino.

Una vez más, si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si quieres opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.

Y como te ofrecí al comienzo, puedes leer lo que al respecto de los artistas y “La Bohéme” tiene para decir, acá cerca, hoy, un amigo que perfectamente podría estar parado en la esquina escuchando ópera.

El primero

Sí, otro blog de ópera. Cuando se me ocurrió pensé escribir algo ligero, lleno de humor y referencias inteligentes y que fuera interesante leer. No lo conseguí y salió esto. En todo caso, ya que estamos, déjame que te explique qué es “Parado en la esquina”. No quiero escribir artículos eruditos explicando la ópera; de esos ya hay y seguro no me saldría bien.  Tampoco me interesa exponer por qué a mí me gusta la ópera; eso a nadie le importa.  Lo que quiero es explicar por qué a ti podría gustarte la ópera si la escuchas sin prejuicios y si sacas de tu mente los típicos argumentos en contra que siempre se esgrimen.

En este primer post quiero, al mismo tiempo, explicar los porqués a favor de la ópera y te sugiero una primera obra para escuchar. Los siguientes posts, si regresas, –si los publico– ya serán solo una sugerencia de qué escuchar con algunos datos sueltos. Ojo con eso: algunos datos sueltos, porque para biografías, bibliografías y catálogos están Google, Wikipedia y Youtube, y si estás leyendo esto seguro sabrás buscar en Internet. Seguro.

Comencemos entonces.  Lo primero que se dice en contra de la ópera es que sus argumentos son muy complicados y que son difíciles de seguir. Veamos: ¿te gustan las series? ¿Viste la primera temporada de “Game of Thrones”? A lo mejor leíste la novela. Bueno, más difícil es seguir el hilo narrativo de GoT que el de cualquier ópera. Ah, no ves esa serie.  Ok, ¿viste alguna vez “Al fondo hay sitio”? Hay más personajes y más enredos y equívocos en una hora de AFHS que en una ópera. Pongamos como ejemplo la ópera que quiero presentar hoy, “Las bodas de Fígaro” de Mozart. Ya sabes: para datos exactos de la ópera o el autor usa Google. En resumen el argumento de LBDF es este:

Fígaro se quiere casar con Susana. El jefe de ambos, el Conde Almaviva, reclama el derecho de pernada. Algunos están del lado del Conde y en contra de Fígaro y traman venganzas. Por otro lado la Condesa está a favor de Fígaro y Susana porque quiere recuperar a su esposo. Luego los hechos dan un giro sorprendente y disfraces, broches y cartas de por medio todo finalmente se resuelve.

(Al final publico un enlace del argumento completo muy bien resumido y que me demoré treinta segundos en encontrar en Internet).

Como ves el argumento no es ni más complicado ni muy diferente al de cualquier cosa que hayas leído o visto en los últimos tiempos, así que punto para la ópera.

Otro argumento que escuché varias veces es el que dice “la ópera está en idiomas que no entiendo”. Bien, yo no hablo ruso y escuché a Tatú. No me gustó pero las escuché. No hablo alemán y escucho Faun. No hablo islandés y escucho Sigur Ros. ¿Sigo? No hablo ese idioma inventado del Adiemus de Karl Jenkins y también lo escucho. Con esto quiero decir que no hace falta entender cada palabra que dicen para disfrutar de la música. Y tenemos una ventaja. Es muy fácil conseguir traducciones o resúmenes de cada pieza importante de una ópera; incluso hay en Youtube muchos videos que ya vienen subtitulados, y luego de haber entendido una vez de qué trata cada pieza no hace falta volver a pensar en ello. Solo disfruta. Por ejemplo acá tienes a Fígaro cantando con ironía “Se vuol ballare”.

También escuché alguna vez “no me gusta la ópera porque es toda sobre épocas antiguas con vestuarios antiguos”. Primero diré que puedes disfrutar de la ópera sin pensar en los vestuarios ni las épocas porque no hace falta que veas la ópera, basta que la escuches. Pero por otro lado podría decirte que así como vas al cine a ver películas de época y eso no te molesta tanto, igual que en el cine, donde hay adaptaciones modernas de obras clásicas (se me ocurre Romeo + Juliet con L. Dicaprio), también hay montajes de ópera localizados en tiempos modernos. Fíjate en este video de “Cinque, dieci, venti, trenta…” donde incluso podríamos hablar de un montaje minimalista, si también te molesta la escenografía y la utilería.

Algunos dicen esto: “no escucho ópera porque no conozco a los cantantes” ¿Sabes qué? Yo tampoco. Por lo menos no a la gran mayoría. Salvo algunos que conozco porque todos los conocen y otros porque algún amigo que sabe más me los recomendó, la mayoría son cantantes desconocidos para mí. Que eso no te asuste. Esa pose de “Ah… tal cantante en tal rol es magnífico…” o “La única versión que me gusta es la de…” déjasela a los que dicen que saben mucho de ópera. La verdad es que se puede disfrutar de la música sin conocer a ningún cantante. En este video te aseguro que no vas a conocer a las cantantes pero la música sigue siendo buena (y si conoces a alguna de ellas coméntalo).

Esos son los principales argumentos que escuché contra la ópera. Hay otros, pero menos importantes.  Lo que quería era demostrar –ojalá– que la mayoría de los argumentos son preconceptos que, si los dejas de lado, vas a poder disfrutar de la ópera tanto como de cualquier otro tipo de música. Después decide, podrá gustarte o no, o gustarte más o menos, pero date la oportunidad de ser tú el que decida. A lo mejor terminas parado en la esquina escuchando ópera.

Links adicionales:

Argumento dividido en actos de “Las bodas de Fígaro

Otro cantante en “Se vuol ballare” (para comparar)