Tonight is so right for love (Los cuentos de Hoffmann)

Los cuentos de Hoffmann

Parece que esta vez sí, que sale. Igual hasta no ponerle el punto final prefiero no decir nada, no vaya a ser que… pero no, vamos con fe…

Hoy vamos con -sí, sí, después de mucho tiempo, ya sé, basta- con “Los cuentos de Hoffmann”, la ópera de Offenbach estrenada en 1881 después de la muerte del compositor. Basada en los -ah, mira…- cuentos de Hoffmann es una ópera en tres actos con prólogo y epílogo y que el compositor no pudo terminar porque lo sorprendió la muerte (frase que nunca ha sido usada en la historia de las crónicas operísticas). Pero comencemos con el argumento que lo bueno y breve es dos veces bueno. Y esto con suerte también.

En el prólogo nos encontramos en una taberna en Nuremberg donde la musa de la poesía nos cuenta que todo se trata de que Hoffmann -que aparece en la ópera, claro- se fije en ella y se olvide de todos sus anteriores amores.  En eso entra el consejero Lindorf, el villano con el bigote más largo y más retorcido de todos, que tratará de hacerse pasar por Hoffmann para encontrarse con Stella, una cantante de ópera que había citado a nuestro héroe (otra frase creativa) para que la busque en su casa.

En eso entran unos estudiantes, entre ellos el propio Hoffmann que acaba de escuchar a Stella cantar en el primer acto de “Don Giovanni” y está un poco emo. (Aparte: referencia a una ópera dentro de otra, qué moderno se ve…). Hoffy se pone a cantar cosas de amor y en eso ve a Lindorf que se burla de él y comienzan a insultarse mutuamente. Los estudiantes se interesan en las historias de Hoffmannn y se quedan escuchándolo, mandando al cacho el segundo acto de “D. G.” que ya estaba por comenzar.

En el primer acto conocemos a Olimpia, el primer amor de Hoff; pero resulta que ella es una autómata, un robot inventado y fabricado por el inventor Giro Sintornill… ¡SPALANZANI! Perdón, fabricado por Spalanzani, un científico que solo se interesa en la ciencia, algo que suele suceder. Nicklausse (sidekick de Hoffmann) trata de convencerlo de la metalicidad de Olimpia pero éste no le cree.

Entra Coppellius (oooootro villano bigotudo), el cocreador junto a Spalanzani de la chica robot, y le vende a Hoffmann unos anteojos especiales que la hacen ver como una mujer real; todo esto mientras le reclama a “Giro” su parte de las ganancias obtenidas por Olimpia; entonces Spalanzani le paga con un cheque sin fondos. O sin banquero que viene a ser lo mismo.

Entretanto llegan los invitados para la presentación de Olimpia quien canta “La canción de la muñeca” y cada tanto Spalanzani le tiene que dar cuerda. Y Hoffmann no se da cuenta, claro. Salen todos a cenar y Hoffy le canta amorosamente a la robot mientras Nicklausse en vano trata de hacer recapacitar al enamorado (amigo date cuenta…). De pronto llega Coppellius que ya se enteró del intento de estafa de Spalanzani mientras el baile se reanuda; Hoffmann danza con Olimpia quien gira cada vez más rápido y lo hace caer al suelo, con lo que los anteojos mágicos se rompen. Coppellius se lleva a Olimpia para vengarse y se escucha que la rompe en pedazos, Hoffmann se da cuenta, humillado, que se había enamorado de un robot mientras el resto de invitados se burla de él.

Para el segundo acto nos desplazamos a Munich (antes estábamos en París, por cierto). Estamos en la casa de Antonia, el segundo amor de Hoffman quien ha heredado la bella voz de su madre pero tiene tuberculosis y su padre, Crespel, le ha prohibido cantar y ha dado la orden a Franz, un criado sordo, de acompañar todo el tiempo a Antonia. (Lo del criado sordo para una cantante tísica es demasiado…). En eso entra Hoffmann, que había estado buscando durante meses a Antonia (clave para entender cualquier ópera: el personaje principal necesita “entrar” en escena si no el argumento no avanza) y convence a su amada de cantar a dúo a pesar de la enfermedad, pero ella súbitamente se siente mal, se marcha a sus aposentos (tercera frase recién inventada) y Hoffmann se esconde porque escucha acercarse a Crespel.

Entra el padre acompañado ¿por? ¡exacto! el malazo de turno que ahora se llama doctor Miracle. Este doctor ha convencido a Crespel de curar a Antonia, a pesar de que sospecha que por su culpa ha muerto su esposa. Hoffmann, que sigue escondido, se entera así de que si Antonia canta demasiado puede morir. Miracle, a pesar de que la paciente no está, diagnostica mágicamente la enfermedad y receta la cura: cantar, con lo que se confirman las sospechas sobre el doctor, al que luego de muchos intentos Crespel logra echar.  Antonia regresa y encuentra a Hoffmann, quien le dice que por su propio bien debe olvidar sus sueños de ser cantante, cosa que ella acepta con desagrado. Cuando Hache se va regresa el insoportable doctor Miracle quien la convence de que Hoffmann no quiere que cante por egoísmo puro, y usando sus malas  artes hace que el retrato de la madre muerta hable y ordene a Antonia cantar mientras el villano toca el violín. Canta tanto que termina agonizando mientras el retrato vuelve a su estado natural y Miracle desaparece. Crespel entra, ve a la hija agonizando y quiere matar a Hoffmann pues cree que por causa suya Antonia está así.

Para el tercer acto estamos en un palacio en Venecia, donde Nicklausse canta a dúo con la cortesana Giulietta la famosísima Barcarola (ojo con el título del post y este tema, porque están relacionados; eso lo vemos después) frente a un nutrido grupo de asistentes. (Otra frase inventada por mí, claro). Luego Nicklausse, Hoffmann y Giulietta se quedan solos y Nicky le dice a Hoffy que no haga nada de lo que se pueda arrepentir. Pero esto es ópera, así que sabemos que no le harán mucho caso. ¿ya están extrañando al villano? Hacen bien, porque ahora le toca entrar. Es Dapertutto quien le ha prometido a Giulietta un diamante si consigue cautivar a Hoffmann y lograr que este le entregue su imagen traspasándola a un espejo.  Entran varias personas, entre las que está Schlemil quien fue un anterior amante/víctima de Giulietta y Dapertutto (le entregó su sombra el muy…). Este Schlemil reta a duelo a Hoffmann y muere (menos mal o yo no hubiera sabido qué escribir en el epílogo). Nicklausse, imaginando la que se va a armar, quiere sacar de Venecia a su amigo y va a buscar unos caballos. Mientras tanto Hoffmann se encuentra con Giulietta y entra como un caballo en la trampa (ah mira… cuántos caballos…). Lo dicho: cae en la trampa y le entrega su imagen a Giulietta quien acto seguido lo abandona para ir por el diamante de Dapertutto. Hoffmann le dice al villano que Nicklausse vendrá a salvarlo y Dapertutto prepara un veneno para matar a Nick, pero por un error muy conveniente para el argumento es Giulietta quien lo bebe y cae muerta en los brazos de Hoffmann. Muerta de veneno, ojo, que de amor nos morimos solo los buenos.

Ahora, como epílogo, estamos otra vez en la taberna donde todo comenzó. Hoffmann está borracho como una cuba (la frase creativa que no podía faltar) y les dice a todos que Olimpia, Antonia y Giulietta son facetas de la misma persona, Stella, y que él ya no volverá a amar. Entonces nos enteramos que Nicklausse es en verdad la musa de la poesía y le pide a Hoffmann que renazca como poeta. Stella, cansada de esperar va a buscar a Hoffmann a la taberna y Nick alias “La Musa” le dice que Hoffmann ya no la ama y que se vaya con Lindorf (¿se acuerdan de él? el primer villano) mientras Hoffman se despide del amor cantando.

Así termina “Los cuentos de Hoffmann”. Sí, yo sé, es un final algo amargo cuando uno lo conoce, pero -y ya lo dije antes- no todas las óperas son “Falstaff”.

Y ahora vamos con algunos enlaces musicales, que esta ópera tiene muchos pasajes muy bellos.

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En el prólogo Lindorf cantaba esto: “En los papeles”. Aquí por José van Dam.

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Y todavía en el prólogo Hoffmann cantaba esto (vía Alfredo Kraus): “Il Était Une Fois à la Cour d’Eisenach”

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Ya en el primer acto Hoffman interpreta, ahora por Plácido Domingo: “Allons! Courage et confiance!”

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Y aquí combinamos la pieza anterior con la contestación de Nicklausse intentando convencer a Hoffmann: Atala Schöck – “Une poupée aux yeux d’émail”

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Olimpia canta la canción de la muñeca, en esta versión por Diana Damrau: “Les oiseaux dans la charmille”

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Y aquí la misma pieza pero por Natalie Dessay

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Al inicio del segundo acto Antonia canta, otra vez Natalie Dessay, “Elle a fui la tourterelle”  

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Hoffmann y Antonia cantan a duo “C’est une chanson d’amour”

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Antonia y el doctor Miracle cantan, via Anna Netrebko y Alan Held, “Tu ne chanteras plus”

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Al inicio del tercer acto Nicklausse y Giulietta cantan uno de los dúos quizás más conocidos de la lírica: Anna Netrebko y Elina Garanca – “Belle nuit” también conocido como “Barcarolle”

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Otra versión: Caballé, Horne

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Una más, ahora con el contratenor Philippe Jaroussky y Natalie Dessay

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El villano Dapertutto canta en voz de José van Dam, “Scintille diamante”

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Hoffmann cae encandilado por Giulietta. Canta Rolando Villazón – “O Dieu! de quelle ivresse”

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Nicklausse se revela ante Hoffmann como la musa de la poesía en el epílogo. “Et moi? Moi, la fidèle amie?” (Domingo y Powell)

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Aquí el epílogo completo, en una versión del Royal Opera de Londres. Hoffmann por Marcelo Alvarez

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Y bueno, hasta acá con “Los cuentos de Hoffmann”. Espero que haya sido de su completo agrado. (Lo siento, tenía que terminar con una frase original).

Ya saben que para comentarios, correcciones o lo que sea me pueden buscar por aquí o en Twitter como @Malfitan0 y si quieren leer más o saber de qué va este blog pueden comenzar por leer esto.

Yo por ahora iré a ver si me encuentro con Lindorf, Spalanzani, el doctor Miracle, Dapertutto o cualquier otro villano por allí, mientras estoy parado en la esquina escuchando ópera. Adios.

¡HEY! ¡UN MOMENTO! ¡REGRESEN!

Hace un rato les dije que había una relación entre el título de este post y la barcarola, ¿verdad? Pues les voy a contar de qué se trata. Como les dije, ese es uno de los dúos más conocidos de la lírica, y como tal ha sido interpretado muchas veces, incluso fuera de las salas de concierto, como por ejemplo en el cine.  Así, en G.I. Blues, película de 1960, se utilizó la melodía para que Elvis Presley cantara “Tonight is so right for love”, de modo que aquí va, regalito…

Elvis Presley – Tonight Is So Right For Love.(1960)

Ahora sí: chau.

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Publicado el 10 de agosto de 2014 en Ópera y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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