#SufroComoAmfortas (Parsifal)

Parsifal Imagen

Ya tocaba. Hace tiempo tocaba pero ahora me animo. Y eso que tenía otros temas para escribir: Monteverdi, Verdi (sí, curioso…) Pero ahora me provocó adelantar el post sobre Parsifal luego de meses de haber visto el montaje del MET en su transmisión HD internacional. Los que han leído antes este blog saben mi historia con Wagner (pueden revisar el post sobre Tristán e Isolda si les da curiosidad). El resumen es que antes no escuchaba Wagner y ahora sí. Pero tranquilos: este post no va a ser un estudio profundo sobre Richard Wagner, primero porque no me sale y segundo porque no es el espíritu del blog. No será tampoco una monografía sobre el significado de Parsifal; si quieren me preguntan y yo los pongo en contacto con verdaderos expertos en el mundo wagneriano; conozco por lo menos dos. Lo único que haré será exponer brevemente el argumento –comprimiéndolo todo lo que pueda porque la ópera dura alrededor de cinco horas- para que no te suceda lo que vi el día de la función del MET: un señor que se durmió en el primer acto, su chica llegó en el segundo y luego desaparecieron. Quiero decir, si vas a escuchar y ver una ópera de Wagner por lo menos dale una mirada a la Wikipedia y a algún video en Youtube para saber cómo viene la mano, si no terminarás diciendo #SufroComoElDormilón. Entonces, para que no tengas que buscar yo me encargaré en este post de resumirte las cosas.

Digamos primero que Wagner estrenó Parsifal en el año 1882, un cuarto de siglo después de haber tenido la idea de escribirlo (algo así como me pasa a mí con los artículos de este blog). La obra se basa en la vida del caballero Parsifal, miembro de la corte del Rey Arturo y su búsqueda del santo grial.

Comencemos con el argumento. La escena abre en un bosque cerca del castillo de Monsalvat, en España, sede del grial. Vemos a Gurnermanz, el mayor de los caballeros del grial quien despierta a sus escuderos para iniciar la oración. También está Amfortas, rey de los caballeros del grial, acercándose con su séquito. Lo vemos sufriendo porque ha sido herido con la lanza de Longinos (sí, esa: si estamos hablando del grial ¿por qué te sorprende la lanza?), lanza que él debió cuidar y le fue arrebatada, y la herida, además, no cura.
Gurnermanz indaga por la salud del rey y le dicen que ha dormido mal y que irá a bañarse al lago sagrado. En eso ingresa Kundry, una mujer que si la vez de lejos parece estar loca y de cerca lo confirmas, quien tras entregar un bálsamo traído desde Arabia para aliviar al rey cae agotada.
Amfortas pregunta por Gawain, otro caballero, y le cuentan que se ha marchado a buscar un mejor remedio. El rey se enoja porque Gawain se fue sin pedir permiso, acepta el bálsamo que le ofrece Gurnermanz e intenta agradecer a Kundry quien simpática como es lo manda a bañarse. Literalmente. Los caballeros miran con desconfianza a Kundry y le preguntan por qué no se queda, creen que es una bruja y le dicen que si es tan poderosa debería ayudar a encontrar la lanza sagrada. Ella contesta que nunca ayuda y que encontrar la lanza corresponde a otra persona. Que si Amfortas fue tan tarado de dejarse arrebatar la lanza por Klingsor y dejarse herir que no se queje. Y que lo que él siente no es dolor sino vergüenza. Toma. Una joyita la Kundry…
Los caballeros le preguntan a Gurnermanz sobre la historia de Klingsor y él les cuenta que la lanza y el grial habían llegado al castillo para ser cuidados por Titurel, padre de Amfortas. Klingsor quería pertenecer a la orden pero no podía evitar los pensamientos impuros y se auto castró (¡Ay! #SufroComoKlingsor ¿no?…) y lo que en cambió logró fue que lo expulsaran de la congregación y así se convirtió en un feroz enemigo, aprendió artes maléficas, se estableció cerca del castillo y se rodeó de bellas “doncellas flores” que tratan de seducir a los caballeros; así fue que Amfortas perdió la lanza. Gurnermanz también cuenta que poco después el rey tuvo una visión en la que supo que debía esperar a un joven casto, inocente y compasivo quien le curaría la herida. (Ya se imaginan quién…)
Justo en ese momento (“La ópera y las coincidencias espaciotemporales” es un artículo que debo escribir pronto) un cisne atravesado por una flecha cae abatido en el bosque (un aplauso a los utileros del MET y la broma del pollo gordo. Ah, qué… ¿no fue una broma? Oh…) Los caballeros traen a rastras a un joven con un arco y con flechas iguales a la del poll…cisne.
Gurnermanz lo increpa y le dice que ese es un lugar sagrado y que el cisne no le había hecho nada. Entonces el joven arrepentido rompe su arco. Gurnermanz le hace varias preguntas, incluido su nombre, y el muchacho solo contesta “no lo sé” y que lo único que sabe es que el arco lo hizo él mismo y que su madre es Herzeleide. Kundry, que estará agotada y será medio loca, pero escucha todo, le dice a Gurnermanz que el papá del chico fue Gamuret, un caballero que murió en batalla y por eso Herzeleide prohibió al joven tener una espada. El muchacho recuerda entonces haber visto caballeros pasar y haberlos seguido, dejando por ello a su madre y su casa. Kundry se ríe al oír esto y le dice que hace poco vio a Herzeleide morir de pena. (#SufroComoHerzeleide sería…) El muchachito enloquece de tristeza, Kundry le ofrece agua para consolarlo y después se va por ahí porque está cansada y quiere dormir. Una joyita la Kundry…
Gurnermanz invita al muchacho a acompañarlos y observar el ritual del santo grial. El joven no sabe lo que es pero nota que cuando los demás caminan él apenas se mueve pero igualmente viaja. Entonces le explican que en ese reino el tiempo se convierte en espacio. Ya. Claro. El chico no sabe ni su nombre pero “el tiempo se convierte en espacio” es la explicación que le dan. Fácil.

En la siguiente escena estamos en el salón del santo grial, donde los caballeros recibirán la eucaristía. Titurel le dice a su hijo Amfortas que descubra el Grial y este, atormentado por la vergüenza de haber cedido a la tentación clama perdón pero solo oye una voz y la promesa de redención a través de un tonto inocente. Mientras todos menos el herido comulgan, el joven arquero parece estar en trance y sentir cosas (acá hay algo, pero no sé bien qué…)
Terminada la ceremonia Gurnermanz le pregunta si ha comprendido lo que ha visto pero el muchacho no responde; entonces lo empuja a marcharse por ser muy tonto y le advierte que cace gansos o pollos, pero deje en paz a los cisnes. O sea: Gurnermanz sabe lo de la promesa de redención a través de un joven inocente, bota al muchacho, ¿y el tonto es el muchacho? Ok.

El segundo acto comienza en el castillo de Klingsor, donde él trata de despertar a Kundry llamándola de varias maneras. Ella no quiere obedecerle y se burla de su condición de castrado preguntándole si es casto (una joyita la Kundry…)
Klingsor ve que un joven se acerca y ordena a sus caballeros que luchen contra él pero todos caen derrotados, entonces envía a Kundry para que lo seduzca.
Parsifal ahora está en el jardín de las “doncellas flores” quienes lo rodean y lo riñen por haber herido a sus amantes, los caballeros, pero luego ya están peleando entre ellas tratando de conquistarlo. El muchacho ante esto quiere escapar y cuando está a punto de lograrlo escucha que alguien grita ¡Parsifal! y recuerda que ese es el nombre con el que lo llamaba su madre. Las doncellas se aburren y se van llamándolo tonto y aparece Kundry quien quiere, ya sabemos, seducirlo.
Cuando Parsifal le pregunta a Kundry cómo sabe su nombre y ella le cuenta la historia que ya conocemos (que encontró a Herzeleide quien murió de pena, etc.) él siente remordimientos y se culpa de la muerte de su madre. Kundry trata de aprovecharse de eso y le dice que si le da un beso él comprenderá el amor de su madre, pero en ese momento Parsifal siente en su propio cuerpo el dolor de Amfortas y comprende el sufrimiento físico y moral, rechazando las proposiciones de Kundry. (¡#SufroComoAmfortas! ¡ESTE ES! ¡YA TENGO EL TÍTULO!)
Ella, furiosa, le dice que si siente compasión por Amfortas debería sentirla por ella también pues fue maldita por reírse del dolor de Cristo cargando su cruz y ahora no puede descansar y no puede llorar, solo reír y que además es esclava de Klingsor (ahora sabemos por qué es una joyita la Kundry…)
Parsifal la vuelve a rechazar y le pide que lo lleve donde Amfortas, ella le dice que lo hará si se quedan juntos una hora (je…)  y Parsifal no acepta; entonces ella lo maldice a vagar sin encontrar jamás el reino del grial y llama a Klingsor quien arroja la lanza a Parsifal para herirlo. Sin embargo la lanza se detiene en el aire, el joven la toma y hace la señal de la cruz y el castillo, con ello, se desmorona. Mientras tanto Parsifal emprende su marcha y le dice a Kundry que si lo busca ya sabe dónde encontrarlo. Estará buscando a Amfortas, se entiende, que el tonto es Parsifal, no nosotros.

El tercer acto abre como el primero, en el bosque cerca de Monsalvat pero muchos años después. Vemos a Gurnermanz envejecido que encuentra a Kundry inconsciente y la revive con agua santa. Luego ambos ven que se avecina un caballero totalmente vestido de negro y que porta una lanza. Cuando el desconocido se quita el yelmo Gurnermanz descubre que el desconocido es el muchacho tonto que le disparó al poll…¡cisne! y se da cuenta que la lanza es la de Longinos. Parsifal les cuenta su penoso y largo viaje sin poder recordar el camino de retorno a causa del maleficio. Gurnermanz a su vez le cuenta que en todos estos años Amfortas no ha vuelto a oficiar y que su padre, Titurel, ha muerto. Parsifal se siente culpable y Gurnermanz le dice que ese día serán los funerales de Titurel y que debe cumplir un gran deber, reconociéndolo y ungiéndolo como el joven casto que será el nuevo rey de los caballeros del grial y el sanador de Amfortas. Parsifal bautiza a Kundry y observa la belleza natural que lo rodea mientras le explican los encantamientos del viernes santo. Se escuchan campanas y se dirigen al castillo del grial donde se encuentran con los caballeros que llevan a Amfortas y el féretro de Titurel.

Cuando los caballeros le solicitan a Amfortas que descubra el grial, él, rabioso, dice que nunca más oficiará con la sagrada copa y que si quieren que lo maten. Más de uno de los caballeros seguro que lo habrá pensado, pero afortunadamente para Amfortas se adelanta Parsifal quien recuerda que solo un arma puede curar la herida. Toca con la lanza el costado de Amfortas quien se cura y se libera de la culpa. Parsifal asume el rol de oficiante y mientras todos los caballeros se arrodillan aceptando al joven como nuevo rey, Kundry, liberada de su maldición, cae muerta, redimida finalmente. Todo termina cuando una paloma blanca desciende sobre el grial y los caballeros entonan un canto de acción de gracias.

Si llegaste hasta acá con la lectura, no te dormiste y tu chica no te dijo para irte te recomiendo que veas y escuches los pasajes que he seleccionado. Hay más de donde saqué estos.

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Acá el preludio del primer acto:

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Inicio del primer acto, Gurnermanz hablando con sus caballeros. Montaje del MET del 2013 (el del pollo gordo):

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Las “doncellas flores” del segundo acto. Un montaje digamos, extraño…

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Aquí Parsifal siente el dolor de Amfortas. (#SufroComoAmfortas). Segundo acto.

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Esta es la música del viernes santo, en el tercer acto:

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Hacia el final del tercer acto cuando Gurnemanz anciano recibe a Parsifal. (este enlace es un aporte de @Capricho_x  Gracias Isabella 🙂

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Final del tercer acto. Final de la ópera:

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Como digo siempre, si quieres comentar algo sobre este o los otros artículos, sugerirme alguno o incluso colaborar puedes hacerlo aquí mismo o buscarme en Twitter como @Malfitan0.
Si te provoca leer más de este blog o entender por qué lo escribo te sugiero que comiences leyendo este primer post.

Y mientras espero que @AguateroDelMet me explique por qué el equipo de utilería fabricó un pollo gordo en lugar de un hermoso cisne en el montaje de este año me quedaré parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 25 de julio de 2013 en Ópera, Wagner y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 10 comentarios.

  1. Sandro; excelente como siempre tu post, pero aprovecho porque considero oportuno anunciarte que se va a poner en escena en Lima la ópera”Tannhäuser” de Richard Wagner; la quincena de Agosto en el Municipal, son 5 funciones; con Director y elenco de solistas alemanes.
    Será la primera vez que se escenifique Wagner en el Perú. Pienso que desde tu simpática tribuna se podría hacer una reseña muy a tu estilo de esta obra que entre otras cosa tiene coros espectaculares como el Coro de peregrinos (coro de la luz) y el coro de invitados; que presentan una sonoridad, grandiosidad y armonía muy distinta a la que nos tienen acostumbradas las operas italianas (sin desmerecer),… sonido netamente teutón.

    Te dejo un par de links; el primero del coro de invitados en una presentacion informal

    Y aqui el coro de peregrinos en una grabacion referente

    Saludos

    • Hola Carlos, gracias por tu comentario. De hecho estoy enterado de lo de Tannhauser y un amigo me ha ofrecido escribir algo para mi blog. ¿Vas a participar del coro?

      Un abrazo
      Sandro

      • Si, estoy en elenco. El proyecto de “América clásica” es ambicioso y propone hacer en Lima toda la tetralogía:
        *El oro del Rin (prólogo de “El anillo de los nibelungos”)
        *La Valquiria (primera jornada de “El anillo de los nibelungos”)
        *Sigfrido (Segunda jornada de “El anillo de los nibelungos”)
        *El ocaso de los dioses (tercera jornada de “El anillo de los nibelungos”)

        Adicionalmente:
        Lohengrin – Wagner
        Andrea Chenier – Giordano (oportunidad de escuchas “La mamma morta”)
        Madame Butterfly – Puccini
        Carmen – Bizet
        La Traviatta – Verdi
        Turandot – Puccini

        Como ves, se propugna ampliar la escena y el gusto del público local. Ya se hizo este año Mahler, y la gala wagneriana, ahora toca óperas completas de Wagner; y creo que Giordano nunca fue presentado en Lima.. (no estoy seguro).
        Tampoco se descuida al público de siempre y se reponen títulos favoritos de la ciudad.

        Y no solo eso, ahora ademas del coro nacional, la sinfónica nacional, tenemos a Romanza, al coro y orquesta ciudad de Lima, y se suma al esfuerzo América Clásica con el Coro de la ciudad de los reyes y el Colo de la Ópera de la ciudad de los reyes. Habiendo ahora teatros envidiables, viene bien que aparezcan estas iniciativas, y creo que es menester de nosotros, los aficionados el difundir los trabajos e invitar a la comunidad a sacudirse la modorra y participar de estos espectáculos.

      • Estuve en la gala (como espectador, claro 🙂 ) y espero estar en alguna de las otras puestas.

        Algún día volveré a cantar 🙂

  2. Wagnerianizando el blog! Atrás quedaron los días de “Wagner meh…”, cierto? 😉

    Aprovecho para enlazar un video de una de las partes más conmovedoras del tercer acto, y ya que no encontré una mejor interpretación, escucharemos al bajo búlgaro, Boris Christoff:

    Estaré esperando el post de “Tannhäuser”.

    • Sí Isa, ya sabes que ahora escucho Wagner, gracias 😉

      ¿Sabes qué? Me gusta mucho el link que has puesto, tremendo bajo; así que quiero ponerlo entre los links del propio post, así si alguien no lee los comentarios no se pierde esa pieza, ¿te parece?

      Ya viene Tannhauser, y con una pequeña sorpresa, se supone… 🙂

  3. Como siempre a tu estilo, esa forma de narrarnos las historias que tanto me gusta sea cual sea la ópera, no dejes de escribir nunca. Quedó demostrado que ya estás wagnerizado, uno más a la lista. Espero con ansias el Tannhauser que aparecerá en tu blog 🙂

  4. Si bien es cierto, “Tannhäuser” (Tanjhoizer) no es de las óperas mas representadas en el mundo, sus coros son ampliamente conocidos por su majestuosa belleza y emotividad. La primera representación de Tannhäuser tuvo lugar en Dresde en 1845, y en 1861 se presenta una revisión de la obra. La contraposición entre el bien y el mal, la búsqueda de la pureza y la salvación , son los temas básicos de esta ópera romántica; cuyo libreto es obra del mismo Wagner, quien ubica las acciones en un entorno caballeresco
    .
    El título completo de la quinta ópera de Richard Wagner es Tannhäuser o el torneo de canto en el Watburg. La primera idea sobre el argumento le vino a Wagner durante su primer estancia en París con su esposa Minna, al leer el poema germánico del siglo XVI Das Volkslied vom Ritter Tannhäuser (La leyenda popular del caballero Tannhäuser), cuya esencia es la negativa del papa a conceder el perdón al caballeo que se había entregado a los placeres del amor terrenal en brazos de la diosa Venus, que, según las leyendas antiguas, residía en el Hörselberg, en Turingia. El relato se halla recogido también en Leyendas de Alemania, de los hermanos Grimm, y en un cuento popular de Tieck, Der getreue Eckart und der Tannhäuser. Wagner consiguió leer estas obras gracias a sus amigos alemanes en París. Vuelto a la patria, en 1.842, se emocionó vivamente al ver, desde el carruaje, el castillo de Wartburg sobre el lejano Erzgebirge. Con su habitual avidez cuando le interesaba un asunto nuevo, se documentó ampliamente sobre los torneos de canto que se desarrollaron en ese castillo en el siglo XIII. Sobre el fondo histórico, encontró nuevas leyendas, como la del Minnesänger Heinrich von Ofterdingen, que ganó un torneo ejerciendo la magia que había aprendido con el hechicero húngaro Klingsor, un personaje que, posteriormente Wagner incorporaría a su Parsifal. En verano de 1.842, los Wagner fueron de vacaciones a Toeplitz, en las montañas de Bohemia. Richard gustaba de hacer largos paseos a pie y solía ascender a las ruinas de la fortaleza de Schreckenstein y al pico de Wostrai. Allí, el 22 de junio, empezó el libreto de Der Venusberg y el 8 de julio lo tenía terminado. En cuanto a la música, el canto del pastorcillo (Acto III de Tannhäuser) declara haberlo escuchado al natural, entonado por el caramillo de un cuidador de cabras mientras descendía un día del Wostrai.

    Pronto abandonó Wagner el proyectado título, al haber sido advertido por algunos amigos de su significado en el lenguaje anatómico y, previendo las burlas y chistes que se harían al respecto, adoptó el de Tannhäuser. En abril de 1.843, el libreto estaba listo.

    Entretanto, se habían estrenado Rienzi y El Holandés errante y Wagner había sido nombrado segundo director de la Ópera de Dresde. Por ello estaba en óptimas condiciones para preparar bien el estreno de su nueva ópera, cuya composición empezó en julio de 1.843 y terminó, con la última página orquestada, el 13 de abril de 1.845, precisiones que podemos hacer gracias al hábito de Wagner de apuntar diaria y meticulosamente cuanto hacía, hasta en nimios detalles que rozan a veces el ridículo. Pese a cuidarse el propio Wagner de todo y la reputación de que gozaba en la época de la Ópera de Desde, tanto por los cuerpos estables como por los cantantes de la compañía, el estreno de Tannhäuser, el 19 de octubre de 1.845, no fue un franco éxito, por varios factores: en primer lugar, el tenor que se encargaba del rol protagonista y que después había de convertirse en preferido de Wagner durante su primera época operística, Joseph Tichatschek, estaba dotado de magnífica voz, pero de escasas dotes dramáticas. Persona de gran simpatía, dado al chiste y a la ironía, era en cambio bastante corto de comprensión, y las indecisiones psicológicas del legendario Tannhäuser, luchando entre el amor humano de Venus y el espiritual de Elisabeth, resultaban imposibles de asumir por su cerebro. El resultado escénico fue, pues, pobre, al no bastar la brillantez vocal para un papel en el que el aspecto dramático era naturalmente importante. Elisabeth fue Johanna Wagner, hija adoptiva de Albert, el hermano mayor de Richard. Esta sobrina del compositor había de llegar a hacer una gran carrera, basada en su espléndida y fresca voz, pero era en aquel momento demasiado joven para comprender los recovecos del temperamento de la protagonista femenina. Para acabar de redondear la inadecuación de los actores, la gran Wilhelmine Schroeder-Devrient, que se encargaba del papel de Venus, era una vieja gloria en declive y, si bien conservaba muchas de sus cualidades vocales y dramáticas, había alcanzado una figura de considerable volumen que, como ella misma reconocía, resultaba excesiva para encarnar con propiedad a la diosa del amor. Otro factor que desconcertó notablemente a los cantantes fue la presencia, por primera vez en la obra de Wagner, de lo que después se ha dado en llamar “melodía infinita”. Si todavía podemos encontrar alguna aria bien definida, como el Canto de la Estrella, por ejemplo, hay un encadenamiento continuo de los fragmentos sucesivos que requiere de los actores un estar en escena distinto del que normalmente se atribuía a un cantante de ópera tradicional.

    El público encontró Tannhäuser demasiado largo y Wagner, un tanto decepcionado del estreno, cayó en la tentación de hacer cortes, que luego desaprobaría. De todos modos, es la ópera suya que más retoques mereció, hasta llegar a lo que se considera una segunda versión, la destinada a la capital francesa, y que fue encarga por Napoleón III a instancias de la princesa de Metternich, en 1.860.

    La versión de París

    La espina que llevaba clavada Wagner a causa de sus malhadadas experiencias parisienses, durante las cuales padeció incomprensión, indiferencia y privaciones, al punto de tener que subsistir a veces haciendo arreglos por toda suerte, como, por ejemplo, de óperas de Donizetti para piano, para cuarteto y hasta para cornetín, determinó en él el deseo de sacársela con esta ocasión, y de obtener un gran éxito con la representación de Tannhäuser. Para ello emprendió una revisión a fondo de la partitura e incluyó un ballet, obligado por las costumbres de la Ópera parisina. Hay que tener en cuenta que, en la época de la representación francesa de Tannhäuser, Wagner ya había concebido Tristán e Isolda y estaba en condiciones de interpretar el amor de Venus de manera mucho más madura que veinte años atrás. Resultó de todo ello que las modificaciones más profundas se centraron en la escena del Venusberg. La primitiva obertura, separada del resto de la ópera, quedó para la interpretación en concierto, y en el teatro el telón se levanta antes de su final, enlazando directamente con la bacanal, enriquecida ésta con nueva música, de una potencia lujuriosa y sensual difícilmente igualable, y que serviría para insertar el ballet, justo en el único lugar de la obra apto para ello.

    Pese a los deseos de Wagner, el estreno de la versión de París fue un estrepitoso fracaso. Y es que el público de la capital francesa no estaba en absoluto preparado para recibir el impacto que representaba la obra. Detalles como que los socios del Jockey Club llegaran, según su costumbre, al segundo acto, donde se solía insertar el ballet de la habitual grand-opéra, y que manifestaran ruidosamente su descontento por el hecho de que el ballet se hubiese dado ya, no dejan de ser circunstancias que revelan la desconexión absoluta entre el genio de Wagner y el público que había de contactar con él en aquella ocasión. Lo único cierto es que se produjo un choque de formas de entender la ópera, la música y el arte en general, que persistió durante años (piénsese en el antiwagnerianismo de Debussy y otros) y que tiene seguramente raíces profundas, acaso propias de un antagonismo nacional y de una manera distinta de ver la vida.

    Versiones modernas

    Después de contar con la escena del Venusberg tal como Wagner la concibió para París, representar la primitiva versión de Dresde se ha convertido en algo de interés puramente histórico. Por ello, los modernos registas y directores suelen buscar la manera de aprovechar todos los recursos de ambas versiones y surgen interpretaciones mixtas, a gusto del intérprete de turno.

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