Muertos de amor (Tristán e Isolda)

Tengo que confesar algo, no puedo ocultarlo más tiempo: no me gustan todas las óperas. Lo sé… lo sé… habla muy mal de mí como melómano hacer una confesión de este tipo, pero los que me conocen saben que no soy melómano. Ni cinéfilo. Ni siquiera bibliófilo. (Si esto fuera un perfil de Twitter diría que tampoco soy bipolar. ¡badum tsssss!). Me gusta la música, el cine y leer, pero no todo el día ni todo el tiempo.  Decía –pasada la broma- que no me gustan todas las óperas. No las conozco todas y algunas que conozco no me gustan. No voy a decir cuáles son porque eso no importa pero es verdad. También es verdad que hay algunas óperas que me encantan: “Don Giovanni” por ejemplo o “L’elisir d’amore” o “Rigoletto”…  son muchas. De igual manera hay óperas de esos mismos autores que no me gustan nada. También está el otro caso, el que motiva que esté escribiendo esta larga introducción: hay autores que me infunden respeto. Mucho respeto. Un sordo respeto. Wagner a la cabeza. Obras larguísimas –también en el teatro-, orquestaciones complicadas, temas inmensos. Prejuicios míos, ya lo sé, pero son años de alimentar y fortalecer este prejuicio, no se me iba a borrar de la noche a la mañana. Hasta que pasó. Tanto insistir por acá y por Twitter con que comenten las publicaciones, tanto pedir que se involucren con el blog y que hagan sus pedidos y entonces llega @capricho_x y me pide que escriba una entrada sobre “Tristán e Isolda” y allí comenzó todo.  Gracias a algunos tuiteos y a algunos enlaces musicales y argumentos comenzó a convencerme, pero cuando me tuvo en sus manos fue cuando escribió “Wagner no es denso: es intenso”. No es que ahora ande en mi casa con un pantalón de pijama con dibujitos de Wagner pero ya está entre los compositores que escucho. ¿A quién le importa? A mí nomás, y a ustedes si se dan cuenta que como casi todo con “no escucho ópera” tiene que ver con prejuicios. Puros prejuicios. Dicho lo cual podemos pasar al argumento que trataré de hacer breve para compensar.

Isolda es una princesa que está viajando junto con su sirvienta Brangania en un barco camino a Cornualles donde la espera el rey Marke para casarse. Mientras están navegando un marinero  canta una canción sobre una doncella irlandesa (Isolda es irlandesa) y la princesa piensa que el marinero la tiene con ella. Se enoja tanto que desea lo peor para el barco y exige, a través de Brangania, hablar con Tristán, el capitán del barco que a la vez es un caballero con la misión de llevarla donde Marke. Tristán no le hace caso y manda a Kurwenal, su subalterno, quien le dice que mejor se queda tranquila, que ella no puede exigirle nada a Tristán porque él mató a Morold, el exnovio de la princesa. Cuando Brangania le dice a Isolda lo sucedido esta le cuenta que, cuando mataron a Morold, le llevaron a un extranjero moribundo  llamado Tantris para que ella lo cure (Isolda, a todo esto, tiene poderes). Al sanarlo descubrió que el tal Tantris era en realidad Tristán (un extraordinario y complicadísimo juego de letras, ¿no?) y ella quiso matarlo con una espada, pero Tantris/Tristán la miró a los ojos y la dejó incapacitada de actuar (otro hubiera escrito enamorada). Cuando Tristán se recuperó le permitieron escapar, pero he aquí que él es quien debe llevar a Isolda a desposar a Marke, su tío. Alta traición según Isolda quien ahora dice tener una bebida que redimirá al caballero y, claro, Brangania piensa que se trata de un veneno.
Finalmente Tristán acepta recibir a Isolda y ella le confiesa que le perdonó la vida a Tantris sabiendo que realmente se trataba de él. Tristán acepta beber la poción aún sospechando que se trata de un veneno e Isolda le arrebata el frasco y se toma el resto. Ambos entonces, en forma inesperada, se confiesan recíprocamente el amor que sienten mientras llega Kurwenal para informar que el rey Marke está a bordo y Brangania comprende sorprendida que el brebaje no era un veneno sino una poción de amor.

Ya en el castillo de Marke, Isolda y Brangania se encuentran solas pues el rey y su corte se han ido de cacería, y aunque la sirvienta le advierte a Isolda que Melot, uno de los caballeros del rey, se ha dado cuenta de las manitos y las miradas entre ella y Tristán, Isolda confía en que Melot es amigo de su chico y no dirá nada; entonces apaga las llamas del brasero, una especie de código rojo  acordado previamente, para que Tristán llegue al castillo. Los amantes se encuentran y conversan. Bueno… también conversan; se declaran su amor y reniegan del día porque solo la noche los cobija y Tristán declara que la noche de la muerte los unirá para siempre.  (¿Te parece, Tristán,ponerte a hablar de la muerte cuando estás con Isolda? En fin…) Brangania trata de avisarles que la noche se acaba, que se acerca el día, pero ellos están ocupaditos y la ignoran. Así entonces llega el día y con el día llega Melot acompañando a Marke para que vea a su sobrino en brazos de Isolda y Marke se siente traicionado por ambos ya que se había enamorado de Isolda. Tristán –todavía con el tema de la muerte- le pregunta a Isolda si lo acompañaría a la noche eterna; ella le dice que sí  y entonces lucha con Marke quien lo hiere gravemente.

Tristán, herido, espera en su castillo de Bretaña a que llegue Isolda, por lo cual escucha la melodía que toca un pastor: si la melodía es triste significa que no ha llegado aún el barco que la trae. Cuando finalmente escucha una melodía alegre entiende que Isolda ha llegado, y se emociona tanto con la ilusión de ver a su amada que se arranca, loco de amor, los vendajes. Al llegar Isolda Tristán muere pronunciando su nombre. Muere de amor.
Mientras Isolda permanece al lado de Tristán, Kurwenal advierte la llegada de un barco que trae a Melot, Marke y Brangania y para vengar la muerte de su amigo mata a Melot pero muere él mismo. Marke y Brangania llegan al lugar donde yace Tristán y el rey llora desconsolado mientras explica que Brangania le ha contado lo de la poción de amor y que él venía para unir a los amantes y perdonarlos.
Isolda en un principio parece recuperarse, pero mientras describe lo que siente por Tristán se transfigura y muere. Muere de amor.

Eso es romance. Crudo y duro romance. Hasta aquí el argumento de la ópera, poquito más podría agregar. Mejor guardo silencio y que hable la música.

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No suelo enlazar los preludios de las óperas, pero en este caso lo hago por ser Wagner, a ver si me entienden…

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Este es el final del primer acto, cuando han bebido la poción de amor.

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Tristán e Isolda hablan de su amor en el castillo de Marke (segundo acto)

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Aquí el final del segundo acto, cuando el rey Marke descubre a Isolda en brazos de Tristán y se queja amargamente de la traición.

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La muerte de amor de Isolda (Liebestod) al final de la ópera.

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Otra versión del mismo fragmento. La cantante en ambos casos es Waltraud Meier.

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Como siempre les digo hay más material en la red, les queda como tarea. Si quieren contactarse conmigo para comentar, sugerir o solicitar algo pueden hacerlo aquí mismo o directamente buscándome en Twitter como @Malfitan0 y para revisar todo el contenido del blog les sugiero que comiencen por acá.

Gracias @capricho_x por sugerir esta entrada del blog. Mientras espero más recomendaciones estaré, como siempre, parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 17 de septiembre de 2012 en Ópera y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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