Archivos Mensuales: julio 2012

¿Te muerdo la oreja? (Cavalleria Rusticana)

Estamos de fiesta en “Parado en la esquina…” ¿Cómo no, si otra vez nuestra querida @MargheritaCaro1 nos regala su visión sobre una ópera? Ya antes lo hizo con “La fanciulla del west” y lo suele hacer en su propio blog “Descubrir la ópera” con idéntico brillo. Hoy nos trae lo que Mascagni escribió sobre mis paisanos sicilianos: todo fuego, todo pasión ¿o acaso alguien cree que en Sicilia solo hay naranjas y mujeres de tres piernas? (lo de las mujeres de tres piernas se los dejo como tarea, las respuestas aquí mismo…).

No los distraigo más y le dejo el escenario y la orquesta a nuestra querida amiga, que la “Cavalleria Rusticana” tiene tela…

 

♫♫♫♫♫

Hoy quiero hablaros de una ópera que me entusiasma, una pequeña joya que, en su brevedad, cuenta una historia de intensa y desenfrenada pasión. Me refiero a “Cavalleria rusticana” de Mascagni. Antes que nada, advierto que no hay que confundir “cavalleria” con la parte del ejército que va a cuatro patas. Patas de caballos, digo: los únicos caballos que participan en esta historia van tirando de una carreta, y ni siquiera aparecen en escena, sólo se escucha el tintinear de sus cascabeles. Podríamos traducir el título a algo así como “gentileza pueblerina”. Veamos por qué.

Estamos en Sicilia, a finales del siglo XIX. Es el día de Pascua. Imaginad un pequeño pueblecito, uno de esos lugares idílicos en los que habitualmente reina la tranquilidad (salvo cuando llega alguien como el autor de esta historia, dispuesto a perturbar la paz de tan placentero lugar). A la derecha, vemos una iglesia; a la izquierda (visible contraste, no nos engañemos), una taberna, en la parte baja de un edificio de tres plantas.  Al fondo, un tanto alejada, podemos distinguir una casa que, por su empaque, debe pertenecer al rico del pueblo (que no podía faltar en esta historia, claro está).

Está a punto de amanecer. De la casa del fondo, vemos que sale un hombre; una mujer se asoma a uno de los balcones, suponemos que para decirle adiós. ¿Se trata quizá del señor de la casa, que marcha a trabajar? Fijémonos un poco mejor. El hombre, nada más poner el pie en la calle, mira con recelo a un lado y a otro. Al no distinguir a nadie, respira tranquilo y empieza a caminar, no sin antes tirarle un beso a la del balcón (si en vez de un beso hubiese sido algún objeto contundente, difícilmente le hubiera acertado, dadas las aún pobres condiciones de luz).

El caso es que por los “arqueados” andares y el aire de satisfacción de aquel misterioso individuo, y por el aire lánguido de la del balcón, deducimos que se han pasado toda la noche, dale que te pego… perdón, quiero decir que nos imaginamos que los dos han vivido “una intensa noche de pasión” (sí, así queda mucho más fino)

Lo que no saben es que una mujer, escondida, les observa; al ver salir de la casa al hombre, se santigua, para después echarse las manos a la cabeza. Entre unas cosas y otras, a estas alturas ya tenemos bastante claro que aunque la del balcón sea la señora de la casa, el hombre es más que probable que no lo sea… El misterioso individuo se aleja tranquilo, alabando en una canción la blancura de la camisa de Lola (y eso que, por entonces, aún no se conocían los eficacísimos detergentes de hoy día)

Por fin, el día va abriendo sus luminosos brazos (uy, quizá me ha quedado un poco “cursi”). La tabernera, una mujer mayor pero con aire muy vital, se dispone a abrir su establecimiento. Llega la misteriosa mujer que estaba espiando al del beso y a la del balcón y, durante la conversación que tiene lugar entre las dos nos enteramos de varias cosas:

–          La tabernera se llama mamma Lucía y es la madre del de las piernas arqueadas, de nombre Turiddu.

–          La misteriosa mujer que espiaba a Turiddu y a la del balcón es Santuzza, novia de Turiddu, que antes había sido novio de la del balcón, Lola.

–          Siendo Turiddu y Lola novios, él se marchó para ser soldado; ella, que no tuvo paciencia para esperarle, se casó con el rico del pueblo, el compadre Alfio.

–          Ah, sí, se me olvidaba: Santuzza está excomulgada, suponemos que por mantener relaciones “carnales” con Turiddu.

En estas, llega el compadre Alfio, que es carretero, y se gana la vida yendo y viniendo por los caminos. Después de un largo viaje, vuelve tan contento el hombre porque su fiel esposa, Lola, que le adora (¡ejem…!) le espera en casa.

Alfio pregunta a mamma Lucia si aún tiene de aquel viejo vino que solía servirle, y ésta le replica que no sabe si le queda, pero que su hijo ha ido a Francofonte a buscar más. “¿A Francofonte? Pero si está aquí… le han visto esta mañana cerca de mi casa” Uy, uy, uy… Y digo yo ¿no le resultaría esto raro al propio compadre Alfio? En fin… Muy suspicaz no debía ser…

Alfio se marcha mientras se escucha un coro de voces que entonan un cántico; se trata de una procesión que escolta una imagen de la Virgen, camino de la iglesia. Antes de entrar en el templo, el cortejo se detiene y entona un himno al que se une la voz de Santuzza; la pobre aprovecha para cantarle entonces a la Virgen puesto que, si no puede entrar en casa de mamma Lucia por estar excomulgada, menos puede entrar en la iglesia.

De nuevo a solas las dos, Santuzza cuenta a mamma Lucia cómo, al volver del servicio militar, Turiddu encontró a Lola, que había sido su novia, casada con Alfio. El muchacho trató de olvidarla haciéndose novio de Santuzza pero Lola, no contenta con su desahogada posición, se dedicó a seducir a Turiddu  quien, a decir verdad, le dio toda clase de facilidades. Mamma Lucia, espantada por lo que Santuzza le acaba de contar, pide ayuda a la Virgen y, santiguándose, entra en la iglesia.

Aparece entonces Turiddu, que jura y perjura que viene de Francofonte. Pero Santuzza le replica que no es cierto, que le han visto cerca de la puerta de Lola. “¡Ah! ¡Me has espiado!” le reprocha Turiddu; y remata la faena diciendo: “Así es como pagas mi amor.” Turiddu  se ha hecho con el control de la situación y, cuanto más le suplica Santuzza, más duro y amenazante se muestra él, que afirma que no está dispuesto a aguantar sus ridículos celos.

Por si el ambiente no estaba lo suficientemente caldeado, llega Lola, muy alegre ella, cantando: “¡Tralalí, tralalá!..”. Se sorprende al encontrarse con Turiddu y con Santuzza y, despistadilla que es la muchacha, pregunta si ha pasado por allí el compadre Alfio, su marido. Santuzza, que está que le salen llamas por las fauces, le tira unas cuantas indirectas y, por sus ademanes, vemos que trata a duras penas de contenerse para no tirarle también del moño. Viendo el panorama tan tormentoso, Lola opta por refugiarse en la iglesia. Entonces Turiddu, con su asombrosa habilidad para darle la vuelta a las situaciones, le reprocha duramente a Santuzza que, con sus comentarios, haya hecho que Lola se marche. Aún le suplica Santuzza pero Turiddu, frío y despreciativo, entra en la iglesia, al tiempo que le asegura: “¡Tus amenazas no me asustan!” Aquí ya Santuzza es como un volcán en plena erupción, que escupe fuego por su boca: “¡Ten cuidado!” le advierte, con un tono que hiela la sangre. ¿Hielo que escupe fuego? ¿Eso no es un enigma de Turandot? Creo que me pasé dos pueblos y una ópera…

Para acabar de redondear la situación, apenas ha entrado Turiddu en la iglesia, aparece el compadre Alfio. Santuzza, que está en plena “erupción volcánica” le suelta entonces que, mientras él anda por los caminos, bajo la lluvia y el viento, para ganarse el pan, su mujer se preocupa de adornarle la cabeza, y no precisamente con un sombrero. Como no podía ser de otra manera, Alfio estalla también y jura que se cobrará venganza antes de que se ponga el día. A continuación, se marcha y Santuzza, desolada, se da cuenta de que puede que, con lo que acaba de hacer, haya condenado a muerte a Turiddu.

Después de una escena de tal tensión, el espectador necesita un remanso de paz, que llega en forma de un dulce intermedio musical. Ya nos figuramos que la cosa va a terminar a navajazos pero, de momento, podemos hacer que nuestro alterado ánimo se relaje un poco.

Terminada la misa, la gente sale de la iglesia. Turiddu llama la atención de Lola que, dice, se marcha a casa, pues aún no ha visto al compadre Alfio. “No te preocupes, estará en la plaza” le dice Turiddu y, a continuación, volviéndose a la multitud, invita a todos a beber: “Viva el vino espumeante…” La alegría va de boca en boca y de vaso en vaso; unos y otros alaban las virtudes del vino y brindan. De repente, como un viento frío, aparece Alfio…

Turiddu, que se cree a salvo, le ofrece un vaso de vino. Alfio, sin inmutarse dice: “¡podría convertirse en veneno dentro de mi pecho!”  y arroja el líquido al suelo. Instintivamente, todos los presentes se apartan, pues está claro que está a punto de comenzar una pelea y, sin duda, nadie quiere que le “salpique”. A Lola, su blanca camisa no le llega al cuerpo.

El gesto de Alfio obliga a Turiddu a retarle a duelo ¿de qué modo? En las películas de mosqueteros, la señal era abofetear la cara de aquel a quien se retaba con un guante; en este caso, la forma consiste en morder la oreja de aquel a quien se desafía (¡¡puaggg!!). Los dos hombres quedan en verse detrás del huerto (¿vendrá de ahí la expresión “llevar a uno al huerto”?)

A todo esto, mamma Lucia sale de la taberna sin haberse enterado la pobre de nada de lo que acaba de suceder. Turiddu, embriagado por los vapores del vino que lleva en el cuerpo, pero aún así consciente de la que se le viene encima, le da por ponerse cariñoso: “¡Un beso, un beso madre! Otro beso…” y, por si acaso, se despide de su madre, no sin antes encargarle que cuide de Santuzza, en caso de que él no regrese. A la mamma no le cabe duda de que, o bien su hijo está borracho como una cuba, o bien tiene más de cuarenta de fiebre y está sufriendo alucinaciones; aún así, la mujer se asusta, claro: “¿Turiddu? ¿qué quieres decir?…” Pero ya su hijo ha salido corriendo.

Llega Santuzza quien, desesperada, se abraza a mamma Lucia, que sigue sin terminar de comprender lo que ocurre. La plaza comienza a llenarse de gente; se nota la inquietud en la cara de todos ellos. Un murmullo confuso se escucha a lo lejos y, en ese momento, se escucha gritar a una mujer. “¡Han matado al compadre Turiddu!”. De la impresión, mamma Lucia se desvanece, y todos los demás se quedan paralizados por el terror.

A continuación, los enlaces. Os ofrezco la ópera al completo, porque considero que sería injusto cercenar cualquiera de sus partes.

Aquí vemos como Turiddu y Santuzza se están dando el lote y cómo Santuzza se están dando el lote (sí, ya sé que, según lo he contado yo, no lo vemos, sólo lo adivinamos, depende de cada montaje) mientras Santuzza les espía y se desespera:

 ———

En esta segunda parte, Santuzza va a hablar con mamma Lucia y contarle cómo Turiddu le está poniendo los cuernos. A continuación, llegada del comprade Alfio y nueva conversación entre mamma Lucia y Santuzza, en la que ésta acaba de aclararle a la anciana la situación:

———

 Continúa la conversación entre mamma Lucia y Santuzza. Llega Turiddu; él y Santuzza tienen una fuerte discusión que termina con Santuzza por los suelos, de un empujón de Turiddu.

 

———

Aparece Lola y Santuzza se pone que echa espumarajos por la boca. Lola se va y Turiddu reprocha a Santuzza que le haya hablado tan mal como lo ha hecho. La cosa termina con Santuzza maldiciendo a Turiddu. Aparece el compadre Alfio y Santuzza le suelta de golpe que su esposa se la está pegando con Turiddu. Alfio jura venganza. A continuación, el necesario intermedio y, después, vemos cómo la gente va saliendo de la iglesia.

———

Brindis en alabanza de las virtudes del vino. Nueva aparición de Alfio y desafío de ambos hombres (con mordedura de oreja, como ya he contado), que se citan para más tarde. Turiddu que, viendo el panorama, se despide de su madre. Duelo (que no vemos) y vecina que llega corriendo al tiempo que grita que han matado al comprade Turiddu. Desmayo de mamma Lucia y consternación de todo el personal. Chimpún.

 

♫♫♫♫♫

Nada que agregar. ¿Quién podría? Una ópera redonda y un resumen perfecto.

Bueno, como vengo diciendo desde el primer día, si quieres comentar algo puedes hacerlo por aquí o buscarme como @Malfitan0 en Twitter. Lo mismo aplica si quieres escribir una colaboración para el blog. Y si quieres leer las demás entradas en orden comienza por esta.

Ahora, con mirada atenta, no vaya a ser que algún aldeano me quiera morder la oreja -si es una moza todavía…-, me quedo aquí, parado en la esquina escuchando ópera.