¡Hagan fila que para todos tengo! (L’elisir d’amore)

Esta vez me demoré un poco para publicar la entrada. Es que dudaba sobre qué escribir y no por falta de óperas, más bien por exceso. Tuve que hacer un pequeño sondeo entre mis amigos para poder decidirme y finalmente optamos por esta. Tarde o temprano la hubiéramos tocado, porque es divertida, tiene un argumento fácil y arias conocidas; es decir la ópera perfecta para “Parado…”. Dicho sea de paso ya tengo prometidos por lo menos dos artículos escritos por amigos del blog, así que no faltará buena lectura. Cuando ellos escriban, claro. Como ya vieron en el título y en la imagen que acompaña al texto hoy nos dedicaremos a “El elixir de amor” de Gaetano Donizetti, una de las óperas más interpretadas de ese autor y de la lírica en general. ¿Han visto cómo ha mejorado mi técnica literaria? Llevo escrita una carilla B5 y todavía no he dicho nada. Si hasta parezco periodista de espectáculos… Bien, vamos al argumento:

La acción transcurre a finales del S. XVIII en un pueblo del país vasco francés o en una pequeña localidad italiana según qué versión del libreto, pero lo mismo podría ocurrir a la vuelta de la esquina porque en todas partes se cuecen habas.

Nemorino es un joven e ingenuo campesino que está enamorado de Adina, una hermosa terrateniente, que no es que precisamente le haga mucho caso al muchacho, más bien lo ignora en alta definición y sonido stereo. Adina está leyendo a sus trabajadores la historia de Tristán e Isolda y Nemorino se convence de que esa es la solución:  tomar una poción mágica que le asegure el amor de Adina. Por otro lado el joven está preocupado porque piensa que la muchacha está enamorada  del sargento Belcore, un tipo pomposo que aparece con su regimiento  y le propone matrimonio a la muchacha. También aparece el doctor Dulcamara, un charlatán, que vende una poción que según él lo cura todo. Nemorino le pregunta a Dulcamara si no tiene algo parecido a la poción amorosa de Isolda y ¡vaya casualidad! el doctor sí la tiene y el elixir cuesta exactamente todo el dinero que tiene Nemorino. Obviamente de elixir de amor poco y nada ya que se trata simplemente de vino de Burdeos, pero el estafador le dice al campesino que el brebaje surtirá efecto al día siguiente, tiempo suficiente para ponerse a buen recaudo. En cualquier caso Nemorino toma el elixir e inmediatamente comienza a sentir el efecto (en mi barrio a eso le decimos “estar picadito” pero se ve que Nemorino es de otro pueblo). Va en busca de Adina y a pesar de que ella se burla de él con ahínco y aplicación (cosa que denota que está interesada en el joven pero no quiere admitirlo) el muchacho se muestra indiferente, confiado en que al día siguiente la rica joven caerá encantada. La actitud de Nemorino molesta a Adina, quien estando comprometida en matrimonio con el sargento para dentro de seis días decide adelantar las nupcias al día siguiente so pretexto de que el sargento tiene órdenes de abandonar el pueblo de inmediato. Nemorino finge estar tranquilo ante la noticia pero, presa del pánico, vuelve a pedir ayuda al buenazo de Dulcamara.

En la fiesta de bodas mientras Adina espera la llegada del notario, aparece Nemorino quien asustado ante el inminente matrimonio de su amada le pide a Dulcamara, quien por ahí andaba bebiendo, que le de otra dosis del elixir para que la bella se decida finalmente, pero como no lleva dinero el farsante no le entrega nada, dejándolo solo y triste. Aparece el sargento Belcore preocupado porque Adina está retrasando sin razón aparente la firma del contrato matrimonial y al ver a Nemorino le pregunta el por qué de su tristeza. Cuando el joven le confiesa que es porque no tiene dinero el sargento le ofrece veinte escudos pagaderos en el acto si se enrola en el ejército. El ingenuo acepta y corre en busca del charlatán por más poción amorosa mientras Belcore se felicita por haberse librado de su rival enviándolo a una segura muerte.

Más tarde todo el pueblo se entera de que Nemorino ha heredado una gran fortuna de un tío y el muchacho todavía no lo sabe. Cuando lo ven acercarse, visiblemente ebrio de “elixir”, las muchachas lo persiguen y le coquetean (solo voy a decir “billetera mata galán”) mientras él cree que se trata de los mágicos efectos de la poción. Adina al ver a Nemorino tan contento y rodeado de tantas jóvenes, y sin saber la novedad de la herencia, cree que el campesino la ha olvidado y se entristece. Le pregunta a Dulcamara qué ha sucedido y este, sin saber que el objeto del deseo de Nemorino es la propia Adina, le cuenta lo del elixir, el dinero y el enrolamiento en el ejército. Ella entonces se da cuenta de lo cruel que fue siempre y de lo mucho que el joven la ama y se retira acongojada mientras Dulcamara piensa que esa repentina iluminación de la muchacha también debería ser curada con una poción.

Vemos a Nemorino recordando el día que vio una lágrima furtiva en los ojos de Adina y convencido en base a esa sola lágrima que ella lo ama (sí señores la famosa aria). Ella aparece y le pregunta por qué se enroló en el ejército. Él le miente y le dice que en busca de un futuro mejor. Ella entonces le confiesa que ha comprado su contrato con el ejército, se lo entrega y le dice que ahora es libre, que puede marcharse o quedarse en el pueblo y se aleja. Nemorino al ver que el elixir no ha funcionado, que Adina se retira sin haber caído en sus brazos, piensa que no vale la pena seguir allí y que bien podría sumarse al ejército y morir como soldado. Cuando Adina ve que el muchacho se va lo detiene, le confiesa que ella lo ama y le pide que la perdone, lo cual él hace con un beso (hay pruebas técnicas que confirman que en la ópera un beso es más fuerte que una yunta de bueyes). Ingresa el sargento que los ve abrazados, Adina le hace saber sobre sus verdaderos sentimientos y deshace el contrato matrimonial, cosa que Belcore se toma a bien (no por nada el apellido) diciendo que el mundo está lleno de mujeres y él puede tomar a cualquiera.

Dulcamara, que no deja escapar una buena idea de negocio así se encuentre enterrada en el fondo del mar, declara a voces que toda la situación es a causa de su magnífico elixir de amor el cual está dispuesto a entregar sin costo al sargento para su próxima conquista. Mientras tanto todos los presentes, estando de acuerdo en que el elixir es verdaderamente mágico, compran botellas y botellas de la poción y despiden con cariño al maestre quien emprende viaje, seguramente buscando otro Nemorino a quien embaucar.

Como ven una joya de argumento a la que no he tenido que colgarle luces para que brille. Vamos ahora con algunos enlaces que le hagan justicia a la trama:

Aquí tenemos a Luciano Pavarotti como el joven y tímido Nemorino cantando “Quant’è bella quant’è cara”.

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Belcore le canta a Adina, para convencerla de su amor.

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Nemorino intenta declararle su amor a Adina: “Una parola, o Adina” (Netrebko y Villazón).

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Dulcamara, vendiendo sus brebajes “Udite, udite, o rustici”.

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Otra vez Netrebko y Villazón en “Esulti pur la barbara” cuando Nemorino está bajo el influjo del “elixir”.

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Así comienza el segundo acto.

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Nemorino recordando la lágirma que vio en el rostro de Adina. Juan Diego Florez.

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Cuando Adina le entrega a Nemorino el contrato de enrolamiento y lo libera. “Prendi, per me sei libero”.

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Y la ópera termina con el doctor Dulcamara exponiendo las bondades de sus pócimas mientras se despide del pueblo. “Ei corregge ogni difetto”.

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Por hoy tuvimos suficiente. Siempre hay más de donde saqué estas…
Ya saben cómo encontrarme y qué les sugiero escuchar si es la primera vez que visitan este blog. Ahora los dejo. Me han entrado ganas de un tinto y me parece que he visto a Dulcamara parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 7 de junio de 2012 en Ópera y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Mira que me gustaba esta ópera, pero ahora aún me gusta más. Y es que el que tiene estilo contando las cosas, como es tu caso, hace que uno aprecie aún más aquello acerca de lo que está escribiendo. Humor y fina ironía en su punto justo, sin que sobre ni falte, para hacernos pasar un rato excelente. Por lo menos, así ha sido en mi caso.

    ¡Un fortísimo abrazo!

  2. Jajajaja!!! Qué delicia!! Cada día escribes mejor =D

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