Archivos Mensuales: junio 2012

Si te entra me caso contigo (La Cenerentola)

Al fin. Ya me estaba haciendo falta –más a mí que a ustedes, sin duda– escribir otra entrada en este blog tan irregular. Lo mejor de todo es que regreso con Rossini, uno de mis compositores favoritos. Aquí cabe destacar, como hemos hecho otras veces para otros detalles, que el que Rossini sea mi compositor favorito no le interesa absolutamente a nadie, porque este blog va de presentar óperas, no de escribir mi biografía. Dicho esto sigamos adelante.

Hoy tocaremos “La Cenicienta” que como notarán cuando desarrollemos el argumento se aparta del cuento por todos conocido porque reemplaza a la madrastra por un padrastro, al hada madrina por un filósofo y al zapatito de toda la vida (de ahí la referencia del título) por un brazalete. Sin embargo el espíritu de la obra queda intacto gracias al genio de Rossini, que escribió la pieza a los 25 años y en tres semanas. Y a mí me cuesta casi dos actualizar mi blog. Ese es el problema de entrar mucho a Twitter, uno pierde tiempo…
Comencemos con el argumento.

La acción se desarrolla en Salerno, entre fines del siglo XVIII e inicios del XIX.

Don Magnifico tiene dos hijas, Clorinda y Tisbe, y una hijastra llamada Angelina a quien obliga a trabajar como doncella en su castillo. Vemos a Angelina cantando una triste canción sobre un rey que encontró a su esposa entre la gente común (guiño, guiño), mientras sus hermanas (las de Angelina, no las del rey, por si se te traspapeló la coma) se prueban joyas y vestidos. En eso llega Alidoro, un filósofo que es preceptor del príncipe don Ramiro, quien disfrazado de mendigo tiene como fin espiar la conducta de las tres muchachas. Cuando les pide limosna Clorinda y Tisbe quieren echarlo a cortesanas patadas en tanto Angelina le ofrece pan y café. Esta actitud es observada por el agudo Alidoro pues lo que está haciendo es buscar esposa para el príncipe y tomar nota del comportamiento de las chicas.
Llegan los cortesanos y anuncian que pronto estará allí el príncipe. Don Magnifico recomienda a sus dos hijas que se comporten bien y que se vistan adecuadamente para cuando este llegue. Finalmente don Ramiro llega vestido como su criado Dandini, con quien ha intercambiado sus ropas para poder observar a las jóvenes sin ser descubierto. Queda impresionado por la cenicienta Angelina quien también gusta de él mientras ingresa Dandini disfrazado de príncipe sin que Magnifico ni sus hijas se percaten de quién es en realidad y lo halagan efusivamente como si se tratara realmente del príncipe. Él las invita a un baile en el palacio real y cuando Angelina pregunta si ella también podrá ir don Magnifico se burla de ella y le dice que de ninguna manera, maltrato que es notado por el príncipe Ramiro. Este sí es un príncipe de cuento, que se fija en lo que le pasa al pueblo. Sigamos.
Vemos regresar a Alidoro preguntando por la tercera hija pero Magnifico la niega; sin embargo cuando Alidoro la ve decide ayudarla, así que se identifica ante ella como el preceptor del príncipe y le dice que lo acompañará al baile.
Las hermanas y don Magnifico llegan al palacio de Ramiro con Dandini, todavía disfrazado, y este ofrece al príncipe, disfrazado de Dandini, a una de las hermanas como pareja pero ellas lo rechazan porque es un simple criado (como ya dije alguna vez “billetera mata galán”). Alidoro entonces anuncia la llegada de una dama desconocida cubierta con un velo. No es otra que nuestra Angelina (¿vieron cómo ya tomé partido? Qué genios que son Rossini y su libretista) ricamente vestida por Alidoro. Espero que más bien vestida por una criada de Alidoro, digo, en salvaguarda del honor y buen nombre de Angelina.
Las hermanastras y su padre notan entre la dama desconocida y Angelina cierto parecido, pero la idea es desechada por absurda (muy agudos no eran esos tres). Dandini en su papel de príncipe los invita a la mesa mientras todos sienten, y lo manifiestan cantando porque esto es una ópera, que todo es un sueño del que temen despertar.

Cuando comienza el segundo acto tenemos a don Magnifico que preocupado por la mujer desconocida a quien ya reconoce como Angelina les cuenta a sus hijas que ha dilapidado el patrimonio de la cenicienta para vivir en el lujo.
Ramiro está encantado con la misteriosa mujer pues le recuerda a la joven que había visto más temprano (otro que no es muy agudo). Se esconde cuando ve a Angelina llegar con Dandini y escucha cuando ella le confiesa al supuesto príncipe que está enamorada del paje, entonces él le declara su amor y ella le entrega uno de dos brazaletes idénticos que lleva y le dice que si realmente la quiere la encontrará, creyendo todavía que el príncipe es un paje y se marcha. Luego de la fuga de la bella Ramiro anuncia que la buscará y para ello reúne a sus hombres. Luego, cuando Dandini le confiesa a don Magnifico que se trata del criado este se indigna y por su conducta es expulsado del palacio junto con sus hijas. Al llegar a su casa le pide a la cenicienta, vestida otra vez de harapos, que se encargue del fuego. Ella lo hace mientras recuerda los bellos momentos en el palacio. A causa de una tormenta (y del oficio del guionista) la carroza en la que el príncipe ha salido a buscar a su amada se rompe frente a la casa de don Magnifico. Ramiro y Dandini piden hospitalidad y don Eme, quien todavía tiene esperanzas de casar a una de sus hijas, ordena a Angelina que le de la silla real al príncipe. La muchacha, todavía engañada por los disfraces, se la da a Dandini y su padrastro le indica que se trata de Ramiro quien al ver el brazalete de la joven la reconoce como la dama del velo y así la pareja se reúne. Padre e hijas se indignan y amenazan a Angelina pero Ramiro que ha sido testigo de los maltratos anuncia castigos. La cenicienta, ya su prometida, le pide que los perdone, que esa será su venganza.
Ya en el palacio de Ramiro don Magnifico intenta reconciliarse con Angelina, ahora la princesa Angelina, pero ella solo quiere que la reconozca como su hija. Entonces le pide al príncipe que perdone a Magnifico y a sus hermanastras quienes la abrazan en señal de arrepentimiento mientras la hasta entonces cenicienta declara que los días de atender el fuego ya se han ido.

Lindo argumento a pesar de que no hay hadas ni zapatitos de cristal, pero hay que tener en cuenta que en esa época los efectos por computadora eran muy caros. Doscientos años caros.

Vamos como siempre con algunos fragmentos.

Elina Garanca como Angelina canta “Una volta c’era un re” al inicio del primer acto mientras las hermanas pierden el tiempo.

———

Don Magnifico es despertado por sus hijas quienes le cuentan que llega el príncipe “Miei rampolli femminini”.

———

Cuando Angelina y el principe Ramiro se ven por primera vez “Un soave non so chè”

———

Alidoro decide ayudar a Angelina a conocer al príncipe “Là del ciel nell’arcano profondo” cantada por el bajo-barítono Ildebrando D’Arcangelo.

———

Final del primer acto, donde todos dicen estar en un sueño temerosos de despertar. (No todos los montajes son muy buenos. Obvien la “coreografía” y escuchen la música que ahí en el medio de esa confusión están Vivica Geneaux e Ildebrando d’Arcangelo).

———

Cuando Ramiro recibe el brazalete de la dama del velo y jura reencontrarla. Aquí la canta Lawrence Brownlee.

———

Y aquí la misma pieza por Juan Diego Flórez.

———

Cuando el príncipe, a causa de la tormenta, llega a la casa de Magnifico y reconoce finalmente a Angelina.

———

Cuando la princesa cenicienta declara que los días de atender el fuego han terminado “Nacqui all’affanno”.

———

Para comunicarse conmigo, colaborar con el blog o simplemente dejar algún comentario pueden hacerlo aquí mismo o buscarme como Malfitan0 en Twitter, y pueden leer las demás entradas del blog comenzando por esta.

Y mientras los príncipes calzan zapatitos y las criadas encajan brazaletes yo espero que den las doce aquí, parado en la esquina escuchando ópera.

Anuncios

¡Hagan fila que para todos tengo! (L’elisir d’amore)

Esta vez me demoré un poco para publicar la entrada. Es que dudaba sobre qué escribir y no por falta de óperas, más bien por exceso. Tuve que hacer un pequeño sondeo entre mis amigos para poder decidirme y finalmente optamos por esta. Tarde o temprano la hubiéramos tocado, porque es divertida, tiene un argumento fácil y arias conocidas; es decir la ópera perfecta para “Parado…”. Dicho sea de paso ya tengo prometidos por lo menos dos artículos escritos por amigos del blog, así que no faltará buena lectura. Cuando ellos escriban, claro. Como ya vieron en el título y en la imagen que acompaña al texto hoy nos dedicaremos a “El elixir de amor” de Gaetano Donizetti, una de las óperas más interpretadas de ese autor y de la lírica en general. ¿Han visto cómo ha mejorado mi técnica literaria? Llevo escrita una carilla B5 y todavía no he dicho nada. Si hasta parezco periodista de espectáculos… Bien, vamos al argumento:

La acción transcurre a finales del S. XVIII en un pueblo del país vasco francés o en una pequeña localidad italiana según qué versión del libreto, pero lo mismo podría ocurrir a la vuelta de la esquina porque en todas partes se cuecen habas.

Nemorino es un joven e ingenuo campesino que está enamorado de Adina, una hermosa terrateniente, que no es que precisamente le haga mucho caso al muchacho, más bien lo ignora en alta definición y sonido stereo. Adina está leyendo a sus trabajadores la historia de Tristán e Isolda y Nemorino se convence de que esa es la solución:  tomar una poción mágica que le asegure el amor de Adina. Por otro lado el joven está preocupado porque piensa que la muchacha está enamorada  del sargento Belcore, un tipo pomposo que aparece con su regimiento  y le propone matrimonio a la muchacha. También aparece el doctor Dulcamara, un charlatán, que vende una poción que según él lo cura todo. Nemorino le pregunta a Dulcamara si no tiene algo parecido a la poción amorosa de Isolda y ¡vaya casualidad! el doctor sí la tiene y el elixir cuesta exactamente todo el dinero que tiene Nemorino. Obviamente de elixir de amor poco y nada ya que se trata simplemente de vino de Burdeos, pero el estafador le dice al campesino que el brebaje surtirá efecto al día siguiente, tiempo suficiente para ponerse a buen recaudo. En cualquier caso Nemorino toma el elixir e inmediatamente comienza a sentir el efecto (en mi barrio a eso le decimos “estar picadito” pero se ve que Nemorino es de otro pueblo). Va en busca de Adina y a pesar de que ella se burla de él con ahínco y aplicación (cosa que denota que está interesada en el joven pero no quiere admitirlo) el muchacho se muestra indiferente, confiado en que al día siguiente la rica joven caerá encantada. La actitud de Nemorino molesta a Adina, quien estando comprometida en matrimonio con el sargento para dentro de seis días decide adelantar las nupcias al día siguiente so pretexto de que el sargento tiene órdenes de abandonar el pueblo de inmediato. Nemorino finge estar tranquilo ante la noticia pero, presa del pánico, vuelve a pedir ayuda al buenazo de Dulcamara.

En la fiesta de bodas mientras Adina espera la llegada del notario, aparece Nemorino quien asustado ante el inminente matrimonio de su amada le pide a Dulcamara, quien por ahí andaba bebiendo, que le de otra dosis del elixir para que la bella se decida finalmente, pero como no lleva dinero el farsante no le entrega nada, dejándolo solo y triste. Aparece el sargento Belcore preocupado porque Adina está retrasando sin razón aparente la firma del contrato matrimonial y al ver a Nemorino le pregunta el por qué de su tristeza. Cuando el joven le confiesa que es porque no tiene dinero el sargento le ofrece veinte escudos pagaderos en el acto si se enrola en el ejército. El ingenuo acepta y corre en busca del charlatán por más poción amorosa mientras Belcore se felicita por haberse librado de su rival enviándolo a una segura muerte.

Más tarde todo el pueblo se entera de que Nemorino ha heredado una gran fortuna de un tío y el muchacho todavía no lo sabe. Cuando lo ven acercarse, visiblemente ebrio de “elixir”, las muchachas lo persiguen y le coquetean (solo voy a decir “billetera mata galán”) mientras él cree que se trata de los mágicos efectos de la poción. Adina al ver a Nemorino tan contento y rodeado de tantas jóvenes, y sin saber la novedad de la herencia, cree que el campesino la ha olvidado y se entristece. Le pregunta a Dulcamara qué ha sucedido y este, sin saber que el objeto del deseo de Nemorino es la propia Adina, le cuenta lo del elixir, el dinero y el enrolamiento en el ejército. Ella entonces se da cuenta de lo cruel que fue siempre y de lo mucho que el joven la ama y se retira acongojada mientras Dulcamara piensa que esa repentina iluminación de la muchacha también debería ser curada con una poción.

Vemos a Nemorino recordando el día que vio una lágrima furtiva en los ojos de Adina y convencido en base a esa sola lágrima que ella lo ama (sí señores la famosa aria). Ella aparece y le pregunta por qué se enroló en el ejército. Él le miente y le dice que en busca de un futuro mejor. Ella entonces le confiesa que ha comprado su contrato con el ejército, se lo entrega y le dice que ahora es libre, que puede marcharse o quedarse en el pueblo y se aleja. Nemorino al ver que el elixir no ha funcionado, que Adina se retira sin haber caído en sus brazos, piensa que no vale la pena seguir allí y que bien podría sumarse al ejército y morir como soldado. Cuando Adina ve que el muchacho se va lo detiene, le confiesa que ella lo ama y le pide que la perdone, lo cual él hace con un beso (hay pruebas técnicas que confirman que en la ópera un beso es más fuerte que una yunta de bueyes). Ingresa el sargento que los ve abrazados, Adina le hace saber sobre sus verdaderos sentimientos y deshace el contrato matrimonial, cosa que Belcore se toma a bien (no por nada el apellido) diciendo que el mundo está lleno de mujeres y él puede tomar a cualquiera.

Dulcamara, que no deja escapar una buena idea de negocio así se encuentre enterrada en el fondo del mar, declara a voces que toda la situación es a causa de su magnífico elixir de amor el cual está dispuesto a entregar sin costo al sargento para su próxima conquista. Mientras tanto todos los presentes, estando de acuerdo en que el elixir es verdaderamente mágico, compran botellas y botellas de la poción y despiden con cariño al maestre quien emprende viaje, seguramente buscando otro Nemorino a quien embaucar.

Como ven una joya de argumento a la que no he tenido que colgarle luces para que brille. Vamos ahora con algunos enlaces que le hagan justicia a la trama:

Aquí tenemos a Luciano Pavarotti como el joven y tímido Nemorino cantando “Quant’è bella quant’è cara”.

———

Belcore le canta a Adina, para convencerla de su amor.

———

Nemorino intenta declararle su amor a Adina: “Una parola, o Adina” (Netrebko y Villazón).

———

Dulcamara, vendiendo sus brebajes “Udite, udite, o rustici”.

———

Otra vez Netrebko y Villazón en “Esulti pur la barbara” cuando Nemorino está bajo el influjo del “elixir”.

———

Así comienza el segundo acto.

———

Nemorino recordando la lágirma que vio en el rostro de Adina. Juan Diego Florez.

———

Cuando Adina le entrega a Nemorino el contrato de enrolamiento y lo libera. “Prendi, per me sei libero”.

———

Y la ópera termina con el doctor Dulcamara exponiendo las bondades de sus pócimas mientras se despide del pueblo. “Ei corregge ogni difetto”.

———

Por hoy tuvimos suficiente. Siempre hay más de donde saqué estas…
Ya saben cómo encontrarme y qué les sugiero escuchar si es la primera vez que visitan este blog. Ahora los dejo. Me han entrado ganas de un tinto y me parece que he visto a Dulcamara parado en la esquina escuchando ópera.