Los jardineros musculosos no son un invento del cine XXX (Katerina Izmailova)

Supongo que ahora estarás pensando “¡Epa! ¿Qué pasó? Si apenas el viernes estábamos leyendo sobre M. Butterfly ¿cómo así hoy miércoles ya hay otra entrada?”. Si lo recuerdas, en el párrafo final del post del último viernes dije que pronto alguien me podría acompañar en esto de estar parado en la esquina escuchando ópera. Y así es. Estamos creciendo. Despacio pero creciendo, y hoy comienzo a publicar las colaboraciones que lectores -amigos- tienen la amabilidad de escribir especialmente para este blog. Siempre sobre óperas y siempre con humor, con sencillez, pero cada uno con su propio sello, a su manera. Esto recién comienza y no puedo prometer que saldrá con periodicidad (no puedo prometer eso ni de mis propios escritos) pero cada vez que algún lector -amigo- quiera colaborar con “Parado…” tiene el escenario y la orquesta a su disposición.

Inaugura esta nueva etapa un conocido del blog, Daniel Ágreda (@danielagreda), de quien ya habrán leído algo en la entrada sobre “La Bohème” y a quien también mencioné en “Tosca”. Él sí que sabe de música. De toda la música, y como les resultará obvio en un rato cuando lo lean, sabe mucho de ópera. Hace ya un tiempo me había ofrecido un artículo para el blog y yo me apuré a aceptarlo antes de que se arrepintiese. Así fue como conocí la ópera de la que les va a hablar, ya que hasta entonces nunca la había escuchado. Otra de las ventajas de juntarse con gente que sabe más que uno. Los dejo con Daniel y Katerina Izmailova.

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Recuerdo que cuando estaba en el colegio nos dio con unos amigos por proyectar óperas en un salón de clases. Y no se nos ocurrió mejor idea para promocionarlas que mencionar el contenido de sexo y violencia que ofrecían algunas de ellas: “Carmen” fue un éxito indiscutible de asistencia, al igual que “Tosca” o “Rigoletto”. ¡Lo que hubiese dado por presentar en el colegio la versión fílmica de “Katerina Izmailova”!

Esta obra fue escrita por el compositor ruso Dmitri Shostakóvich en la década de 1930 como  “Lady Macbeth del distrito de Mtsensk” pero la censura de Stalin fue muy amable y lo convenció de guardarla hasta 1962 cuando volvió a ser presentada, ahora con el nombre de “Katerina Izmailova”,  y el éxito ya no le fue esquivo. Más, como siempre, en Wikipedia.

El argumento va más o menos así…

Katerina es una hermosa mujer poseedora de un temperamento fuerte y unos pechos… digo, una personalidad avasalladora. Está casada con Zinoviy, un comerciante exitoso aunque feíto y aburrido  con quien, digámoslo con tacto, no pasa nada. El pobre es tan lento que hasta su padre (Boris, el suegro de Katerina) no tiene más remedio que vigilar para que Katerina no lo corone con el primer tipo que se le cruce en el camino. Es por eso que cuando Zinoviy sale en un nuevo viaje de negocios, Boris no le quita mirada a Katerina y además la mantiene encerrada en la hacienda, obligándola a preparar el veneno para las ratas que pululan por doquier, a ver si así entiende cuál es su lugar en la familia.

Todo iba más o menos como en cualquier hogar promedio (el marido de viaje, la esposa aburrida en casa y el suegro haciéndole la vida imposible) cuando, de pronto, ingresa a trabajar en la hacienda un nuevo empleado: el guapo, fornido, atractivo y galante Sergei, quien había sido despedido de su anterior trabajo por haber seducido a la esposa del patrón. ¿Es necesario que continuemos o ya le quedó claro a todo el mundo cómo va a terminar este asunto?

Bueno, sigamos nomás. La atracción entre Sergei y Katerina es inmediata, evidente y huracanada. La cuestión es que luego de la primera noche en que hacen el amor (en la cama de Zinoviy, el marido) son descubiertos por el suegro, quien manda a azotar a Sergei a en presencia de Katerina, mientras ella clama por piedad para que detengan la tortura. Una vez terminado el castigo, al suegro no se le ocurre mejor  idea que humillar a su nuera, ordenándole que le sirva algo de comer; es así como Katerina le prepara un delicioso plato de setas con ensalada y… veneno para ratas.

(*Anoten caballeros: nunca le pidan a una mujer furiosa que les prepare la cena*)

Muerto el suegro, Katerina libera a Sergei y mantiene un tórrido romance con él a vista y paciencia de los demás peones quienes se tragaron el cuento de que la muerte del suegro fue por un infarto. La “puesta de cuernos cama adentro”  les dura algunas semanas hasta que regresa a casa Zinoviy, el esposo, a quien Katerina le cuenta rapidito nomás toda la verdad, restregándole en la cara que con él no pasaba nada y que, cof cof, con Sergei, cof cof, sí pasa de todo, cof cof, ejem ejem. Con las mismas, y en vista de que la situación no les dejaba otra salida, Katerina y Sergei ahorcan a Zinoviy y lo entierran en una de las barracas de vino. Y, ahora sí, la pareja podrá consumar su amor sin ningún problema y sin perder tiempo en nimiedades tales como un suegro pesado y un esposo celoso.

Habiéndose declarado oficialmente desaparecido a Zinoviy (en todas las óperas, la ingenuidad de las autoridades es factor fundamental), llega el día de la nueva boda: Katerina y Sergei celebran a lo grande y se arma el jaranón con banquete, bailes, comida y tragos en cantidades industriales. Esta situación resulta injusta para uno de los trabajadores de la hacienda, quien al no estar conforme con el pan y el agua que le tocó por almuerzo, decide ingresar a una de las barracas para robar algunas botellas de vino, aprovechando que todos están distraidísimos. Pues bien, este trabajador no solo consigue robar el vino sino que además encuentra el cadáver de su patrón, Zinoviy ,hecho que cuenta inmediatamente a la policía.

La policía interrumpe la fiesta y Katerina, con una frialdad impresionante (y bueno… Rusia… invierno…), confiesa ambos crímenes y se entrega; Sergei trata de huir pero es atrapado por los agentes del orden. Ambos terminan en una cárcel de Siberia, y si no quieren que les espoilemos el final, sáltense el siguiente párrafo.

Katerina y Sergei continúan su romance en la cárcel. Pero Sergei ahora culpa a Katerina de todas sus desgracias y se consigue a una chica más joven y más bonita que ella. Esta jovencita, de nombre Sonyetka, no pierde oportunidad para humillar a la pobre Katerina, ya sea en la cárcel, en el campo durante los trabajos forzados o sobre el barco que los lleva de un sitio a otro sobre las gélidas aguas de los ríos siberianos. ¿Cómo termina todo? Cuando Sonyetka decide burlarse nuevamente de Katerina, justamente mientras viajaban en un barco. Katerina, que solo se había limitado a mirar hasta ese momento con furia a Sonyetka, se abalanza sobre ella y la empuja al agua, lanzándose ella misma también, para asegurarse de que no pueda salir a flote. Katerina muere pero se lleva con ella a Sonyetka, dejando en claro que con las protagonistas de las óperas es mejor no meterse.

Y aquí vienen algunos links…

Todos estos links han sido tomados de la versión cinematográfica de Mikhail Shapiro, de 1966, recientemente restaurada en los EEUU. Lástima que no tengan subtítulos… aunque explicando un poco de qué van las escenas, la traducción no se hace imprescindible.

Aquí, Sergei irrumpe por primera vez en la habitación de Katerina y claro, cómo no, ella no lo esperaba, por supuesto, cómo pueden ustedes imaginarse que la señora sería capaz de semejante afrenta a su marido. Digamos que ella se resiste hasta que en el minuto seis aparece el suegro preguntándole si pasa algo en su habitación, y ella dice que no, que todo está genial…

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Aquí, un bonito dúo en el que Katerina y Sergei se declaran mutuamente su amor (y de paso planean cómo asesinarán al marido cuando regrese de su viaje). Nótese que ella está rebosante de amor y cariño por Sergei. Luego Sergei se pone un poco nervioso por haber asesinado al suegro de Katerina, y ella le dice, súper fresh y súper cool, que no se preocupe y, aplicando sus artes femeninas, ejem ejem, lo tranquiliza para luego… ver un paneo hacia la copa de los árboles porque la censura rusa no nos iba a permitir NUNCA ver en qué terminaba la escena.

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En esta escena vemos cómo Katerina y Sergei son sorprendidos en la cama por el esposo. Sergei se esconde, el marido entra, ella miente, ambos pelean, él trata de golpearla, Sergei la defiende y ella, en plena discusión, le restriega en la cara a su esposo las… digamos, “bondades” de Sergei. Al final el pobre esposo termina cornudo, humillado y ahorcado por ambos. Fíjense bien en la contextura, la vestimenta, la voz, los movimientos y hasta el peinado del esposo de Katerina, ¡todo un personaje!

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Aquí tenemos el matrimonio de Katerina, la protesta del obrero pobre (en clave de comedia) y el hurto de las botellas de vino de las barracas, con el consecuente hallazgo del cadáver de su difunto patrón. Luego, va donde la policía a contar lo que vio. Al final, alterna escenas de la fastuosa boda y la llegada de las autoridades.

 

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Y, aquí, la escena final… Sonyetka se burla nuevamente de Katerina (le ofrece comida sin otro objetivo que humillarla), pero esta última se encontraba un poquito de mal humor y no estaba para aguantar pulgas. ¿Recuerdan que estaban en un barco sobre las aguas congeladas de un río siberiano? Nótese lo tensa de la escena, y eso que prácticamente no cantan en ella.

 

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Así termina el extraordinario artículo de Daniel. Yo solo quiero agregar unos enlaces adicionales a otras versiones de la misma ópera. Dije que no la conocía, no que seguía en la ignorancia.

Aquí en una representación en un festival operístico italiano

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Este es el inicio de la ópera en una versión fílmica más osada que la que nos presentó Daniel.

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Y para terminar tenemos a la soprano holandesa Eva Maria Westbroek en el mismo rol en una puesta del 2006

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Admito que no es una ópera fácil pero así como le enseñé a mi hijo cuando era pequeño a comer de todo para acostumbrarse a todos los sabores, también recomiendo escuchar todo tipo de ópera para acostumbrarse a los sonidos.

Entonces, si quieren leer todas las entradas pueden comenzar por acá y para colaborar con el blog, dar su opinión o comentar algo pueden escribirme aquí mismo o buscarme como Malfitan0 en Twitter. Y sigan leyendo, nunca se sabe quién puede estar conmigo parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 2 de mayo de 2012 en Ópera y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. ¡¡Absoluta, total y tremendamente GENIAL!! ¡¡Mi más calurosa enhorabuena a ambos, Sandro y Daniel!! Yo tampoco tenía ni idea de la existencia de esta ópera y no, no es una ópera fácil, pero contada así es todo un gustazo. Aun cuando los primeros fragmentos no tienen subtítulos no hacen falta en absoluto ¡si es que no se puede contar mejor! Anda que, ¡el “calor” que encierra la estepa rusa! Gran verdad que hay que acostumbrarse a todos los sabores y a mí éste no me ha podido saber mejor. Rigor y gran sentido del humor; con artículos así ¿quién no se va a aficionar a la ópera?

  1. Pingback: Violencia, drogas y sexo (Porgy & Bess) | Parado en la esquina escuchando ópera

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