Cuando un oficial aletea en América una mariposa se suicida en Japón (M. Butterfly)

Puccini compuso mucho y mucho de lo que compuso lo hemos tratado aquí en “Parado…” pero no es hasta hoy que me animo a escribir sobre Madama Butterfly y a cerrar la -según algunos- trilogía del compositor (La Bohème, Tosca, M. Butterfly). Y no sé por qué no me animaba ya que cumple con todas las premisas de las óperas que he tratado aquí. En fin, tampoco es relevante.

El argumento de esta ópera se puede sintetizar con el método “chico-chica” que ya usé en Lakmé. Veamos:

Chico quiere a chica1. Chica1 quiere a chico. Chico quiere a chica2. Chica1 tiene un chiquito con chico. Chica1 se entera de que existe chica2. Chico se entera de que existe chiquito. Chico se quiere llevar a chiquito. Chica1 se mata.

Como ven bastante fácil. Una pena la muerte al final, pero bueno… así es la ópera… Expuesto el argumento vamos a desarrollarlo.

La acción transcurre en Nagasaki a principios del siglo XX.
Pinkerton es un oficial de la armada estadounidense que ha alquilado una casa en Nagasaki para llevar allí a vivir, cuando se haya casado con ella, a su novia de quince años Cio-Cio-San a quien todos conocen como Butterfly. Ella está feliz de casarse con un norteamericano, lo que no sabe es que Pinkerton solo la quiere como esposa por un tiempo, hasta conseguir una mujer de su país. Cobarde.
Tan feliz está Butterfly con su matrimonio que ha decidido dejar el budismo para convertirse en cristiana. Su tío bonzo (si yo tuviera un tío bonzo también dejo el budismo antes de quemarme) descubre la conversión, repudia a su sobrina y obliga a todos los invitados a irse de la ceremonia, a pesar de lo cual el oficial y la jovencita se casan.

Tres años después de la boda vemos a Butterfly esperando el regreso de Pinkerton quien se fue poco después del matrimonio. Cobarde.
Mientras tanto Suzuki, la criada, trata de venderle la mot… perdón, trata de convencerla de que el oficial no volverá pero ella no quiere escuchar. También Goro, el casamentero que la comprometió con Pinkerton, trata de hacerla entender, incluso le sugiere que se vuelva a casar.
Llega Sharpless, el cónsul norteamericano,  con una carta en la que Pinkerton le cuenta que regresa a Japón pero no con ella, y le pide que sea él quien se lo diga a Butterfly. Cobarde.
Sharpless no puede terminar de leerle el contenido de la carta a Cio-Cio-San porque ella se emociona mucho al oír sobre la llegada del oficial. Se emociona tanto que le confiesa al cónsul que tuvo un hijo de Pinkerton poco después de que él se fuera pero que nunca se lo dijo. El cónsul le promete contarle a Pinkerton lo del niño, sin embargo aconseja a Butterfly que se case con un príncipe que la pretende. La joven escucha el cañón del puerto y ve llegar el barco de Pinkerton, entonces junto con Suzuki preparan todo para recibirlo y espera despierta toda la noche.

A la mañana siguiente llegan a la casa Sharpless, Pinkerton y Kate, la nueva esposa, porque el oficial al enterarse de la existencia de su hijo decide llevarlo a los Estados Unidos. Butterfly está dormida luego de esperar en vela toda la noche, y Pinkerton al ver cómo ha sido preparada la casa para recibirlo advierte que se ha equivocado con ella y les pide a Suzuki, Sharpless y Kate que le den la noticia a Cio-Cio-San porque él no se atreve. Cobarde.
Butterfly acepta entregar al niño si es el propio Pinkerton quien se lo pide. Mientras tanto se disculpa con una estatua de Buda, se despide de su hijo y le tapa los ojos, va a su dormitorio y se suicida con un cuchillo que perteneció a su padre. Agonizante besa a su hijo y muere cuando Pinkerton entra demasiado tarde. Cobarde.

Creo que ya descubrí por qué no me animaba con esta ópera. Resulta que Pinkerton me parece un personaje detestable y me pone de mal humor solo tener que escribir sobre él. Ojo que hay otros miserables en otras óperas, pero la pequeñez de este oficial me enferma. En fin, cosas mías. En quince entradas que tiene este blog no había pasado y espero que no vuelva a pasar, así que cualquier carencia en el texto de hoy ya saben a quién echarle la culpa. Cobarde.

Vamos con los enlaces. Donde aparezca un título estará en italiano.

Aquí Pinkerton y Sharpless cantan “Dovunque al mondo” al promediar el primer acto. Esta es una adaptación hecha para el cine.

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El dúo de amor “Vogliatemi bene” entre Cio-Cio-San y Pinkerton en el primer acto.  (La soprano y el tenor que los interpretan son esposos en la vida real)

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Otro dúo amoroso del primer acto. “Viene la sera”.

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Aria “Un bel dì vedremo” cuando Butterfly sigue esperanzada en que Pinkerton regresará. (Esto lo has escuchado con solo haber estado vivo).

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Coro a boca cerrada del segundo acto mientras Butterfly y Suzuki esperan en vano la llegada de Pinkerton.

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Butterfly canta “Tu, tu, piccolo iddio” al final del tercer acto.

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Como digo cada vez, si decides leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si deseas opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.
Estén atentos durante la semana: es probable que en pocos días alguien me acompañe en esto de estar parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 27 de abril de 2012 en Ópera y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. ¡Ole, ole y olé! Así se cuenta una ópera! De verdad que cada día envidio (por supuesto sanamente) y admiro más la gracia y salero con la que cuentas las historias. ¡Ole!

    Coincido absolutamente contigo en que el tal Pinkerton es un “personajillo” detestable ¡qué tío! Le da un nuevo y aún peor significado al término “cobarde”. Si es que todo el tiempo lo que te dan ganas de decirle es algo así como: “Ya que eres un cabrito, por lo menos ¡échale huevos y da la cara!” En fin…

    Genial el método chico-chica para sintetizar el argumento. Un esquema absolutamente preciso. Buenísimo lo del tío bonzo, je, je, je! Y la que se pega el quemazón padre es Butterfly, la tierna mariposilla que se deja deslumbrar por la luz (falsa) que emite Pinkerton y se abrasa ¡por completo! Madre mía, ¡si es que el fulano es indiganteeeeee! Desde luego, lo que queda claro es que no es que los petirrojos tarden en hacer su nido más en Estados Unidos que en el Japón, que lo mismo es que ni hay petirrojos pero ¿pajarracos? uno seguro: ¡Pinkerton!

    ¿Qué decir de los fragmentos musicales? Gran Pinkerton Plácido Domingo. El tándem Alagna-Gheorghiu que revalorizan sus actuaciones con la chispa que le da el que sean matrimonio. ¡Gran acierto el incluir el Coro a bocca chiusa!

    El dúo “viene la sera…” delicioso… Y para terminar, no podía ser otra que Maria Callas despidiéndose de su “piccolo iddio”

    Querido amigo, te digo de nuevo: ¡ole! y ¡bravo! Da gusto visitar tu blog y estar un agradabilísimo rato contigo parado en la esquina escuchando ópera.

    Un fuerte abrazo.

    Margherita.

    P.D.: Dices que pronto habrá alguien contigo parado en la esquina escuchando ópera ¿vas a tener un colaborador/a?

    • Gracias Margherita, qué alegría que te gustara.
      Sí, un amigo que EN SERIO sabe de ópera me ha cedido un artículo que ha escrito especialmente para este blog. Seguramente el miércoles lo publicaré. No te doy más detalles para no pinchar la expectativa 😉
      Un gran abrazo.

  1. Pingback: Los jardineros musculosos no son un invento del cine XXX (Katerina Izmailova) « Parado en la esquina escuchando ópera

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