Mi prima es una santa. Lescaut: preséntame a la tuya (Manon)

Hoy comenzamos esto aclarando una confusión. O confundiendo un poco más, a ver qué sale. Es que como habrán visto por el título hablaremos de Manon, la de Massenet de 1884. No de Manon Lescaut de Puccini de 1893, aunque ambas se inspiran en “Historia de Manon Lescaut y del caballero Des Grieux” del Abate Prévost, pero no son iguales ni entre ellas ni con la fuente literaria. Pero se parecen. Entre ellas y con la fuente literaria. Por eso pasa que a veces tú hablas de la de Massenet y creen que hablas de la de Puccini o viceversa. En resumen ahora hablaremos de la de Massenet. Punto. Quizás más adelante escribamos sobre la de Verdi, porque a mí Verdi me gusta mucho. Acá es donde entraría en escena Rhett Butler y diría “francamente querido me importa un bledo”, pero como el blog es mío y yo dejo entrar a quien quiero haremos que el viento se lleve ese comentario, aunque francamente queridos lectores a nadie le importa un bledo que a mí me guste Verdi. Volvamos a la ópera y vayamos directamente al argumento.

La acción transcurre en Francia en 1721. En una posada en Amiens se ve a dos clientes, Guillot y De Brétigny, que llegan con unas amigas suyas que son actrices. Digamos actrices. Entretanto llega el joven militar Lescaut con dos compañeros quienes entran a la posada mientras él se queda a esperar la diligencia en la que llegará su prima Manon quien ingresará a un convento. Cuando ella llega y Lescaut se presenta -pues no se conocen- y comenta su belleza (la de ella porque él no es Narciso) Manon le dice que está cansada y confundida. Mientras Lescaut se encarga del equipaje de su prima, Guillot que quedó embelesado con la futura novicia le propone que huya con él y la muchacha se le ríe en la cara, aunque el caballero insiste ofreciéndole el coche que está por llegar si acaso cambia de opinión. Vuelve Lescaut y previene a su prima sobre las proposiciones que podría recibir, mientras ella resignada admira los vestidos de las actrices. Digamos actrices. En eso aparece el joven caballero Des Grieux quien mientras piensa en una reunión que sostendrá con su padre descubre a Manon y ambos quedan súbitamente enamorados. Súbitamente enamorados el uno del otro, menos mal, caso contrario el argumento no avanzaría. Manon le confiesa que va a recluírse en un convento y Des Grieux le pide que se fugue con él a París. Ella acepta y cuando llega el coche solicitado por Guillot montan en él y huyen. Luego reaparecen Lescaut y Guillot y el primero enfurecido culpa al segundo de haber raptado a su prima, pero el posadero, que vio todo, les cuenta lo ocurrido y los presentes se burlan de Guillot quien jura vengarse.

Manon y Des Grieux viven en un departamentito en París y se ve al joven escribiendo una carta a su padre en la que le pide su consentimiento para desposar a Manon quien, ahora lo sabemos, tiene dieciséis años (¡Ay Francia!). Entonces ingresan dos hombres uniformados, Lescaut y su amigo De Brétigny, dispuestos a llevarse a Manon. Lescaut discute con Des Grieux, quien le asegura que sus intenciones son buenas, mientras que De Brétigny, quien quiere ser el amante de Manon (¡Ay Francia!) le confiesa a la muchachita que el padre de Des Grieux vendrá esa misma noche a llevarse a su hijo por la fuerza y la convence de no revelárselo a su novio mientras le habla de las riquezas que tendrá si lo acepta a él como su amante. Los uniformados visitantes se van y mientras Des Grieux se dirige a enviar la carta, Manon se queda en la habitación pensando en lo débil que es la carne y lo fuerte y brillante que es el oro. Luego retorna el joven enamorado y mientras le cuenta a Manon el hermoso sueño que ha tenido llaman a la puerta. Manon le pide que no atienda sin embargo Des Grieux lo hace y se escucha algo que suena casi como un batiburrillo (disculpen, hace cuantro años que quería escribir esta palabra) y el joven Des Grieux ya no regresa.

Estamos ahora en una elegante calle de París. De un local salen de bailar las actrices que vimos al comenzar la obra. Digamos actrices. Luego vemos a Lescaut, Guillot y De Brétigny quien habla de Manon, que ahora vive con él. Aparece ella, feliz de disfrutar la juventud y causando como siempre admiración en todos. De Brétigny se encuentra con el conde Des Grieux, padre del anterior amante de Manon, quien le cuenta que su hijo está a punto de convertirse en cura. Manon al escuchar esto pregunta más, aduciendo ser una amiga de la antigua amante del seminarista, y el conde le cuenta que su hijo ya casi dejó de llorar de pena cada noche.
Aparece Guillot acompañado de mucha gente porque todavía pretende impresionar a Manon, pero ella, impresionada más bien por las novedades que acaba de recibir sobre su ex, ignora a Guillot (otra vez) y marcha en un coche al seminario de St. Sulpice donde se encuentra Des Grieux. Una vez allí vemos que el conde intenta disuadir a su hijo de abrazar el sacerdocio habiendo tantas cinturas sin alguien que las abrace en París, pero el joven solo quiere olvidar a Manon. Difícil, porque ella acaba de llegar y le pide que la perdone, ante lo cual y luego de una breve negativa, el muchacho todavía enamorado accede; entonces los dos se marchan juntos.

En una sala de juego de París vemos, entre otros, a Lescaut acompañado por las actrices. Digamos actrices. También vemos a Guillot y luego a Manon quien trae consigo a Des Grieux en contra de su voluntad. Manon y Lescaut convencen al exseminarista de probar fortuna en las mesas de juego y le va bien. Tan bien que le gana tantas veces a Guillot que este lo acusa de estar haciendo trampa y abandona la sala amenazando a Des Grieux, de quien ahora todos sospechan. Regresa Guillot con la policía quie viene a arrestar a Des Grieux por tramposo y a Manon como cómplice. Entra el padre de Des Grieux y le promete que pronto estará libre, pero no perdona a Manon por haber una y otra vez torcido el destino de su hijo, mientras que a Guillot se le ponen los dientes largos pensando en la venganza.

Lescaut y Des Grieux están en un alto del camino hacia Le Havre, donde se ve un convoy que transporta a Manon junto con unas prostitutas (digamos que no son actrices) para deportarlas. Tratan de asaltar el convoy pero algo sale mal y Manon resulta gravemente herida. El sargento que conduce a las prisioneras acepta dejar a Manon con su primo y este a su vez la deja a solas con Des Grieux para que puedan charlar. El joven promete rescatarla, pero ella solo se consuela pensando en su antigua felicidad. Ya sin fuerzas no puede hacer nada para huir y muere ante la desesperación hecha grito de Des Grieux.

No quiero agregar nada. Tampoco podría. Entre Manon, su primo, Guillot, Des Grieux y las actrices (digamos actrices) ya lo dijeron todo. Vamos con los enlaces.

Aquí vemos a Manon, cuando llega en la diligencia, se encuentra con su primo y le dice que todavía está aturdida.

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Mientras mira resignada los vestidos de las actrices, Manon canta “quedémonos aquí”.

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Manon y Des Grieux en el departamentito de París mientras escriben la carta.

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Aquí Des Grieux y Manon cantan antes que llamen a la puerta para llevárselo a la fuerza.

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Cuando en el tercer acto Manon canta sobre aprovechar la juventud.

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Des Grieux en el seminario tratando de olvidar a Manon.

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Escena final, entre Des Grieux y Manon.

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Lo diré una vez más: si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si deseas opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.

Para terminar un consejo. Si tienes una prima con una vida un tanto complicada no te metas; mejor quédate parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 9 de abril de 2012 en Ópera y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Querido amigo, sigo diciendo que me encanta la fina ironía con la que describes los argumentos de las óperas; demuestras que son algo ameno y haces el género mucho más asequible de lo que a más de uno pudiera parecerle. Ilustrar y enseñar entreteniendo ¡bravo! En lo que se refiere a Manon… je, je ¡eso es contarla con gracia, sí señor! (hay momentos fantásticos, como el “Digamos actrices”, je, je) La historia es un poco enrevesada, pero tal y como la has explicado se entiende muy bien. Y creo que los fragmentos de vídeo están escogidos de forma muy acertada, pues resumen muy bien la historia y, a la vez, muestran diversas formas, mediante diferentes montajes, de efectuar una lectura de la obra.

    En resumen, amigo mío, y de nuevo ¡enhorabuena por esta nueva entrada!

    Con mucho cariño,

    Margherita.

    • Gracias Margherita, siempre tan cariñosa con tus comentarios. Me alegra que te parezca buena mi forma de contar la ópera. Ojalá eso ayude aunque sea un poco a difundir el género.

      Besos.
      Sandro.

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