Celeste, aunque a Alagna le cueste (Aída)

Lo sé, no es un título obvio a menos que conozcan un poco de ópera, pero creo que a estas alturas ya puedo pedirles algo más. Sin embargo lo voy a explicar; tiene que ver con la vez que un conocido tenor, Roberto Alagna, presentándose en un conocido teatro, La Scala, cantaba una conocida pieza, “Celeste Aída”, y no llegó a la nota que tenía que llegar, por lo cual la gente lo abucheó, y él, en una actitud que no tomaría mi hijo de nueve años cantando en el coro de su colegio, se enojó y abandonó el escenario dejando la obra en manos -en la voz, mejor- del tenor suplente, quien vestido con jean y camisa salió al toro. Y sí, los tenores también se equivocan, pero se equivocan más cuando no enfrentan sus errores. Más abajo incluyo un enlace del momento para que lo ¿disfrutes?.
Como ya habrás notado -a menos que tu navegador no te deje ver el afiche que encabeza este texto- hoy se trata de “Aída” de Verdi, tremenda ópera con pasajes muy exigentes. Pregúntale a Alagna si no me crees. Acá va el resumen.

La historia se desarrolla en Menfis y Tebas. Aída, una esclava etíope, vive en el palacio imperial de Menfis. Está enamorada de Radamés, un capitán egipcio,  quien corresponde a sus afectos. O sea también está enamorado de ella, para decirlo más fácil. Pero allí termina lo fácil porque Amneris, la hija del faraón también está enamorada de Radamés, aunque sospecha que él anda loquito por otra. En ese contexto, las tropas etíopes están invadiendo el Imperio, conducidos por el rey Amonasro, padre de Aída, quien quiere rescatarla. El encargado de dirigir el combate en nombre del pueblo egipcio es Radamés quien sale victorioso del enfretamiento. Luego, en la celebración por la victoria, Aída confiesa sin querer a la hija del faraón su amor por el capitán y Amneris monta en cólera (aquí cabría una broma pero la voy a omitir) y promete vengarse de Aída.  El rey concede un deseo a Radamés por su victoria, y éste le pide que libere a los prisioneros. Como agradecimiento le ofrece la mano de su hija y la sucesión al Trono.
La noche anterior al matrimonio, Aída está esperando encontrarse a escondidas con Radamés en algún pasadizo del palacio. Su padre le pide que aproveche su cercanía con Radamés para averiguar la ubicación de las tropas egipcias mientras él se esconde para escuchar. Aída consigue la información que busca pues Radamés le indica el camino que tomarán, y esto lo escucha el escondido rey. Pero también lo escucha Amneris quien suponiendo una traición cuenta todo a los sacerdortes. En el desorden Amonasro y su hija Aída huyen. Más tarde, en el palacio del faraón, Radamés es juzgado por su traición ofreciéndosele el perdón si repudia a Aída, petición a la que él se niega, por lo que es condenado a ser enterrado vivo. Radamés es llevado entonces a una obscura bóveda donde será encerrado hasta que muera, mientras Amneris, dolorida por el último rechazo de Radamés quien prefirió morir antes que repudiar a Aída, pide a Isis que su amado pueda morir en paz. Cuando Radamés queda finalmente solo, descubre que Aída, lejos de huír, se había escondido en la bóveda para acompañar al amor de su vida en su último viaje. Luego de aceptar su destino, ambos se despiden de la tierra y Aída muere en los brazos de Radamés.

El chico enamorado de la chica y los dos muriendo por amor. Amor y muerte otra vez… No será novedoso pero siempre da resultado.

Ahora unos pasajes de la ópera:

La difícil “Celeste Aída” por Franco Corelli.

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La misma pieza por Luciano Pavarotti.

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Amneris ya sospecha que Radamés está enamorado de otra. Trío “Quale insolita gioia nel tuo sguardo” (En tu mirada veo una alegría insólita).

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Leontyne Price como Aída canta “Ritorna vincitor” (Regresa victorioso).

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Aquí el dúo entre Amneris y Aída, cuando la hija del faraón descubre que Radamés está enamorado de la esclava.

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La muy conocida “Marcha triunfal” del segundo acto.

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Aída, esperando encontrarse con Radamés canta esta pieza. Aquí por María Callas.

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Aquí cuando Amneris trata de salvar a Radamés en el cuarto acto.

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La escena final de la obra. Arriba Amneris reza por Radamés mientras abajo él junto con Aída se despiden del mundo.

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Aquí la “escena” de Roberto Alagna.

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Mientras espero tus comentarios me tomaré una coca parado en la esquina escuchando ópera.

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Publicado el 16 de marzo de 2012 en Ópera y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Sandro ¡es una delicia leerte! ¡qué rato más bueno he pasado! je, je, je… Me encanta tu forma de contar. En cuanto a Alagna, yo viví un abucheo en un recital suyo en el Teatro Real de Madrid… y no pegó la rebotada no sé por qué. Estoy completamente de acuerdo contigo: los tenores también se equivocan, pero se equivocan más cuando no enfrentan sus errores.

    Un abrazo, querido amigo.

    Margherita.

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