Archivos Mensuales: marzo 2012

Escamillo será torero, pero el de los cuernos es Canio. (Pagliacci)

Otro título con gancho. Es que estoy suponiendo que ya escuchaste “Carmen” y entonces entiendes la broma del torero, pero si no la entendiste siempre puedes leer esta entrada para que no te quedes afuera. Es que hoy escribiré algo sobre “Pagliacci”, la ópera de Leoncavallo. No creo que exista alguien que no haya escuchado de alguna forma, utilizada para lo que sea, la famosa “Vesti la giubba”. ¿No te suena? ¿Y si digo “Ridi Pagliaccio”? Ah… ¿ya ves que sí? Pero más allá de lo conocida que es esta aria, la ópera es en sí un dramón, llena de celos, amor, traición y muerte; es decir un día cualquiera en la vida de un tipo común y corriente. O no tanto… Mejor expongamos el argumento. Vamos allá.

Los hechos ocurren en una aldea del sur de Italia a fines del siglo XIX. La ópera en cambio comienza en la sala, porque a manera de prólogo aparece Tonio para recordar a los espectadores que los actores tienen sentimientos  y que la obra trata sobre seres humanos. ¡Oh! Leoncavallo rompiendo la cuarta pared para hablarle al público hace casi dos siglos. ¿Y? Siempre se hizo, pero acá no hablamos de técnicas de dramaturgia. Sigamos.

Un grupo de payasos llega al pueblo en un día festivo. El grupo está conformado por Canio y su esposa Nedda, el jorobado Tonio y Beppe. Tonio le cuenta al pueblo que la función comenzará al anochecer. Luego, cuando Nedda baja de la carreta, Tonio trata de ayudarla, pero Canio lo aleja de un golpe y ayuda él mismo a su esposa. Es un tipo celoso, y esto se nota cuando al ser invitados a beber a una taberna Tonio rechaza la invitación y alguien sugiere que es para cortejar a Nedda, ante lo cual Canio dice que él será muy payaso en el escenario, pero que en la vida real nadie se meta con su esposa porque él no lo va a permitir. Una pena, porque su esposa le pone los cuernos y eso la hace feliz. Justo entonces Tonio le confiesa a Nedda estar enamorado de ella, pero Nedda se ríe de él y lo espanta con un látigo. Aparece Silvio, el amante, y la convence de fugarse con él, sin darse cuenta que todo esto lo escucha Tonio, quien va a buscar a Canio para contarle lo que sabe. Cuando Canio regresa para atrapar a Silvio este huye sin que Canio pueda ver su rostro para reconocerlo y entonces amenaza con un cuchillo a Nedda para que confiese con quién le adorna la frente, pero ella se niega a decirlo y Beppe desarma al engañado marido mientras Tonio le dice que seguramente en la función podrán saber de quién se trata. Entonces Canio se queda solo y triste mientras se prepara para hacer reír al público (la famosa aria).

Aquí se da un intermedio donde los actores se visten como los personajes de la “Commedia dell’arte” para dar inicio a la representación. Colombina -Nedda- espera a su amante Arlequín mientras su esposo, Pagliaccio -Canio-, ha salido del pueblo por algunas horas. Taddeo -Tonio- se confiesa enamorado de Colombina y ella se burla de él (tal como en el primer acto) mientras es expulsado de la habitación por Arlequín. En esta escena Colombina le dice algo a Arlequín que hace que Canio recuerdo lo que poco antes había ocurrido, poniéndolo furioso. Intenta continuar con la obra pero pierde el control y le exige a su esposa que revele el nombre de su amante mientras el público cree que se sigue tratando de la representación. Nedda trata de seguir en papel y llama a Canio por el nombre de su personaje -Pagliaccio- a lo que él le contesta “yo no soy ningún payaso” (en clara alusión a blablabla) y que lo blanco de su cara es por la vergüenza. El pueblo, que casi nunca entiende nada, -tranquilos que yo también soy del sur de Italia- lo vitorea por tan convincente actuación; Canio insiste en querer saber el nombre del amante, Nedda insiste en negarse y finalmente el público ya no insiste con los aplausos porque advierte que no se trata de una representación.
A todo esto Silvio, entre el público, es el único que supo en todo momento lo que estaba ocurriendo y teme por la vida de Nedda, quien desesperada por la situación trata de huir. Canio con un cuchillo que encuentra sobre la mesa la apuñala y ella grita al morir “”¡Ayuda Silvio!” con lo que revela la identidad de su amante; entonces Canio también apuñala a Silvio y mientras el telón baja ocultando los cadáveres, Canio dice “La comedia se acabó” en clara alusión a blablabla.

La moraleja de esta obra es: “si vas a serle infiel a tu esposo escoge mejor el repertorio o usa cuchillos de utilería”. O no.

Ahora algunos enlaces a fragmentos de la obra:

Tonio, cantando “Si può?” en el prólogo de la ópera. Canta el gran Tito Gobbi.

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“Son quà! Ritornano!” el pueblo canta feliz a la llegada de los payasos.

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“Stridono lassù” canta Nedda. Interpretada por la peruana Jacqueline Terry

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“Vesti la giubba”, la conocida aria de Canio, aquí por Plácido Domingo.

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La misma aria por Enrico Caruso. Compararlos es inútil.

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Canio canta, hacia el final “No, Pagliaccio non son”. Roy Cornelius.

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No suelo poner enlaces a óperas completas, pero en este caso, por la calidad del vídeo y del audio y por la calidad de los intérpretes y conductor, voy a hacer una excepción. Además está subtitulada al español y eso siempre ayuda. Disfrútenla.

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Como siempre te digo si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si quieres opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.

Y que no te hagan creer que la ópera es cirugía cardiovascular. Es más bien como comerse un bocata de jamón, por eso yo no estoy en un quirófano, sino parado en la esquina escuchando ópera.

Celeste, aunque a Alagna le cueste (Aída)

Lo sé, no es un título obvio a menos que conozcan un poco de ópera, pero creo que a estas alturas ya puedo pedirles algo más. Sin embargo lo voy a explicar; tiene que ver con la vez que un conocido tenor, Roberto Alagna, presentándose en un conocido teatro, La Scala, cantaba una conocida pieza, “Celeste Aída”, y no llegó a la nota que tenía que llegar, por lo cual la gente lo abucheó, y él, en una actitud que no tomaría mi hijo de nueve años cantando en el coro de su colegio, se enojó y abandonó el escenario dejando la obra en manos -en la voz, mejor- del tenor suplente, quien vestido con jean y camisa salió al toro. Y sí, los tenores también se equivocan, pero se equivocan más cuando no enfrentan sus errores. Más abajo incluyo un enlace del momento para que lo ¿disfrutes?.
Como ya habrás notado -a menos que tu navegador no te deje ver el afiche que encabeza este texto- hoy se trata de “Aída” de Verdi, tremenda ópera con pasajes muy exigentes. Pregúntale a Alagna si no me crees. Acá va el resumen.

La historia se desarrolla en Menfis y Tebas. Aída, una esclava etíope, vive en el palacio imperial de Menfis. Está enamorada de Radamés, un capitán egipcio,  quien corresponde a sus afectos. O sea también está enamorado de ella, para decirlo más fácil. Pero allí termina lo fácil porque Amneris, la hija del faraón también está enamorada de Radamés, aunque sospecha que él anda loquito por otra. En ese contexto, las tropas etíopes están invadiendo el Imperio, conducidos por el rey Amonasro, padre de Aída, quien quiere rescatarla. El encargado de dirigir el combate en nombre del pueblo egipcio es Radamés quien sale victorioso del enfretamiento. Luego, en la celebración por la victoria, Aída confiesa sin querer a la hija del faraón su amor por el capitán y Amneris monta en cólera (aquí cabría una broma pero la voy a omitir) y promete vengarse de Aída.  El rey concede un deseo a Radamés por su victoria, y éste le pide que libere a los prisioneros. Como agradecimiento le ofrece la mano de su hija y la sucesión al Trono.
La noche anterior al matrimonio, Aída está esperando encontrarse a escondidas con Radamés en algún pasadizo del palacio. Su padre le pide que aproveche su cercanía con Radamés para averiguar la ubicación de las tropas egipcias mientras él se esconde para escuchar. Aída consigue la información que busca pues Radamés le indica el camino que tomarán, y esto lo escucha el escondido rey. Pero también lo escucha Amneris quien suponiendo una traición cuenta todo a los sacerdortes. En el desorden Amonasro y su hija Aída huyen. Más tarde, en el palacio del faraón, Radamés es juzgado por su traición ofreciéndosele el perdón si repudia a Aída, petición a la que él se niega, por lo que es condenado a ser enterrado vivo. Radamés es llevado entonces a una obscura bóveda donde será encerrado hasta que muera, mientras Amneris, dolorida por el último rechazo de Radamés quien prefirió morir antes que repudiar a Aída, pide a Isis que su amado pueda morir en paz. Cuando Radamés queda finalmente solo, descubre que Aída, lejos de huír, se había escondido en la bóveda para acompañar al amor de su vida en su último viaje. Luego de aceptar su destino, ambos se despiden de la tierra y Aída muere en los brazos de Radamés.

El chico enamorado de la chica y los dos muriendo por amor. Amor y muerte otra vez… No será novedoso pero siempre da resultado.

Ahora unos pasajes de la ópera:

La difícil “Celeste Aída” por Franco Corelli.

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La misma pieza por Luciano Pavarotti.

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Amneris ya sospecha que Radamés está enamorado de otra. Trío “Quale insolita gioia nel tuo sguardo” (En tu mirada veo una alegría insólita).

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Leontyne Price como Aída canta “Ritorna vincitor” (Regresa victorioso).

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Aquí el dúo entre Amneris y Aída, cuando la hija del faraón descubre que Radamés está enamorado de la esclava.

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La muy conocida “Marcha triunfal” del segundo acto.

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Aída, esperando encontrarse con Radamés canta esta pieza. Aquí por María Callas.

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Aquí cuando Amneris trata de salvar a Radamés en el cuarto acto.

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La escena final de la obra. Arriba Amneris reza por Radamés mientras abajo él junto con Aída se despiden del mundo.

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Aquí la “escena” de Roberto Alagna.

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Entonces ya sabes: si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si quieres opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.

Mientras espero tus comentarios me tomaré una coca parado en la esquina escuchando ópera.

Esta noche la cena me quedó mortal… (Don Giovanni)

Hola. Hoy regresamos a Mozart. Con él comenzamos este blog escribiendo sobre “Las bodas de Fígaro” y ahora vamos tras otra de sus obras conocidas y sobre la que mucho se ha escrito: Don Giovanni. Si te gusta el cine tal vez la conozcas, porque hace algunos años en la película “Amadeus” se mostraba la escena principal de esta obra. Se la cataloga como ópera cómica y es un reto y un placer para bajos y barítonos. Si quieres investigar hay muchísima información en Internet sobre el tema, pero ahora vamos con el argumento.

La acción se desarrolla en Sevilla a mediados del siglo XVII.
En el palacio del comendador vemos a Leporello, criado de Don Giovanni, quien se queja de su vida y de su mucho trabajo mientras vigila, ya que su patrón está intentando seducir a Anna, la hija del comendador. Ambos aparecen, Giovanni enmascarado y Anna tratando de saber de quién se trata mientras grita pidiendo ayuda. Llega el comendador  quien desafía al enmascarado en tanto su hija escapa. Giovanni mata al padre de Anna y fuga junto a Leporello. Cuando la joven regresa con su prometido Ottavio y ve lo sucedido juran venganza.
Mientras Don Giovanni huye con Leporello se encuentran con Elvira quien les cuenta que ha sido abandonada por su amante. El insaciable conquistador comienza a flirtear con ella pero luego se da cuenta que el amante bandido es él, entonces escapa y deja a Leporello con la dama para que la convenza de que no vale la pena; así, el criado le muestra a la despechada un cuaderno donde Giovanni cataloga a las cientos de amantes que ha tenido. Elvira, furiosa, jura venganza y Leporello aprovecha para huir.
El amo y su criado se cruzan con un cortejo de bodas de dos campesinos, Zerlina y Masetto, y al sentirse Giovanni atraído por la muchacha, les ofrece su protección a cambio del derecho de pernada, a lo que Zerlina no se niega con demasiado ímpetu. Cuando el seductor y la campesina se quedan solos regresa Elvira, advierte a Zerlina del peligro y se marcha con ella. Ottavio y Anna se acercan a Giovanni pidiéndole ayuda para capturar al asesino del comendador, pues no lo han reconocido, y cuando este ofrece su ayuda regresa Elvira para advertir a los novios sobre el tipo de persona que es y Anna finalmente se da cuenta que él es el enmascarado que la engañó, y le cuenta a su prometido los detalles de esa noche, exigiéndole que cumpla la promesa de matar al asesino de su padre.
Como si nada hubiera pasado, Giovanni organiza una fiesta en su casa y pide a Leporello que invite a todas las muchachas que pueda. Trata nuevamente de seducir a Zerlina pero cuando ve a Masetto hace como que lo buscaba para entregarle a su novia. Protegidos con máscaras Ottavio, Anna y Elvira también son invitados a la fiesta a la que van buscando venganza. Una vez más el incansable embustero trata de seducir a Zerlina llevándola a una habitación y ella pide auxilio; aunque el amante serial trata de hacerles creer a todos que su criado es el bribón, los tres invitados se sacan las máscaras y dicen que saben la verdad. Ottavio amenaza al inmoral con una pistola pero Giovanni se escapa abriéndose paso con su espada.

Más adelante Giovanni trama con Leporello una treta para que el criado, haciéndose pasar por el amo, seduzca a Elvira mientras Giovanni le ofrece una serenata a la sirvienta de ella. Llegan Masetto y sus amigos para vengarse y tras una confusa escena el acaparador de mujeres termina desarmando y golpeando al campesino quien es consolado por su mujer.
Leporello, disfrazado de Giovanni, es rodeado y golpeado por todos los que quieren vengarse de su amo, se quita el disfraz y pide clemencia mientras huye y Elvira queda enfurecida al descubrir que fue otra vez engañada por el irresistible fabulador.
De tanto escapar el ingenioso y su escudero recalan  en el cementerio de Sevilla, a los pies de la estatua que da sombra a la tumba del comendador. Leporello le dice a su amo que ha sido afortunado al poder escapar y este se burla mientras le cuenta sus más recientes aventuras amorosas. De pronto la estatua cobra vida y le advierte a Giovanni que dentro de poco todo terminará mal. Giovanni entonces invita burlonamente a la estatua a una cena en su palacio. Leporello, muerto de miedo, es incapaz de formular la invitación y entonces su amo es quien se encarga de ello, invitación que la estatua sorpresivamente acepta moviendo la cabeza y diciendo que allí estará.
Se prepara una gran cena en el palacio de Giovanni, quien luce orgulloso de sus logros. Elvira, quien ya no odia a su antiguo amante, le suplica que cambie de vida, pero él no hace más que burlarse. Entonces Elvira se retira, pero se la escucha gritar y se la ve escapar corriendo hacia otra puerta. Leporello va a investigar y tambié grita de pánico mientras anuncia que la estatua del comendador se ha presentado a cenar. Llaman a golpes a la puerta, y como Leporello está entumecido por el miedo es el propio dueño de casa quien le franquea la entrada a la estatua, quien le ofrece al picaflor la oportunidad de arrepentirse. Este se niega rotundamente -es la escena más impresionante de la ópera- y entonces la estatua se hunde en la tierra llevándose tras de sí a Giovanni quien se ve rodeado por un coro de demonios. Llegan Ottavio y Anna, Elvira, Zerlina y Masetto y ven a Leporello escondido, quien les cuenta lo que acaba de suceder. Finalmente Anna y Ottavio podrán casarse ya que la muerte del comendador ha sido vengada, Elvira pasará el resto de su vida en un convento y Zerlina y Masetto, los campesinos, volverán a su casa a cenar, mientras Leporello buscará otro amo.

Conozco varias personas que no gustan de la ópera que recuerdan con fascinación esta última escena habiéndola visto solo en la película “Amadeus” que mencioné antes. Más abajo pondré un enlace, aunque personalmente he visto -en video- puestas mejores de esta parte.

Aquí vienen algunos fragmentos de la ópera:

Leporello se queja de su vida al comienzo de la ópera. “Notte e giorno faticar” (Día y noche trabajar). Vemos a Anna tratando de liberarse de Giovanni y al comendador.

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Anna y Ottavio juran vengar la muerte del comendador.

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Leporello trata de convencer a Elvira que Giovanni no vale la pena mostrándole la lista de las amantes. “Madamina, il catalogo è questo” (Señorita, esta es la lista). El bajo Ferruccio Furlanetto se luce en el papel.

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Otra versión, subtitulada en español.

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Don Giovanni tratando de seducir a Zerlina. “Là ci darem la mano” (Allá nos tomaremos de la mano)

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Pavarotti con su amiga Sheryl Crow haciendo el mismo dúo. El maestro siempre buscó difundir la ópera…

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Giovanni le pide a Leporello que organice una fiesta e invite a todas las muchachas que pueda. Aria del champán.

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Cuando Anna, Ottavio y Elvira llegan enmascarados a la fiesta buscando venganza. “Protegga il giusto cielo” (Nos proteja el justo cielo).

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Leporello trata de invitar a la estatua del comendador a una cena en casa de Don Giovanni.  “Oh statua gentilissima” (Oh, gentilísima estatua) en una puesta contemporánea.

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Llegando al final cuando el comendador aparece en el palacio de Giovanni para cenar. “Don Giovanni a cenar teco…” (Don Juan a cenar contigo…)

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La misma escena, tal como se ve en la película “Amadeus”

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Una última cosa: no tengas miedo de ese hombre inmenso que está parado bajo la luz del poste. No es el padre de tu exnovia que quiere conversar contigo; solo es alguien parado en la esquina escuchando ópera.