Archivos Mensuales: febrero 2012

Claro que tengo las manitas frías, si en tres actos más me muero… (La Bohème)

Y finalmente llegó. Tenía que estar. “La Bohème” de Puccini es una de las óperas más conocidas y a la que se le tiene más cariño entre los artistas. ¿Por qué? Porque cualquiera que en algún grado haya estado relacionado al arte se ve reflejado en uno o más de los personajes de esta obra. Bohemios, divertidos, sufrientes y solidarios, siempre con la esperanza de dar el gran paso o morir en el intento. Y no hablo de artistas del siglo XIX. Acá cerca, hoy, hay quienes sienten así. Después te regalo un enlace al respecto.

Esta ópera se estrenó en Turín en 1896 pero ya sabes: para eso está Wikipedia. Vamos con el argumento.

La acción transcurre en París alrededor de 1830. En la buhardilla donde viven, Marcello el pintor trabaja en un cuadro mientras Rodolfo busca inspiración poética en la ventana. Como hace frío y no tienen dinero se calientan quemando las hojas sobre las que escribía un drama. Colline, que es filósofo, entra enfadado por no haber obtenido dinero, mientras que Schaunard, el músico, llega con víveres y madera para calentarse ya que ha conseguido un trabajo temporal. Así se nos presenta la vida de estos artistas. Deciden ir a celebrar el éxito de Schaunard en el Barrio Latino en lugar de pagarle la deuda al casero. Así se nos presenta la vida de estos artistas…
Salen todos excepto Rodolfo que se queda para avanzar su obra prometiendo alcanzarlos luego. En eso llega Mimí, una modista que vive en el edificio, pidiendo fuego para su vela. De pronto se quedan a oscuras y mientras buscan la llave que ha perdido Mimí, pero que Rodolfo ha encontrado y esconde, aprovechan para contarse sus vidas. (Aquí es donde se interpretan las arias más conocidas de esta ópera). Luego Mimí acompaña a Rodolfo  a festejar con sus amigos.

Más adelante los amigos y Mimí disfrutan en un café del Barrio Latino y entra Musetta, la ex de Marcello, quien ahora está comprometida, sólo por interés, con Alcindoro, un viejo ministro del gobierno. Musetta trata de dar celos a Marcello fingiendo que dedica una canción a Alcindoro. Marcello se muestra celoso y Musetta envía a su novio fuera con un pretexto para poder estar a solas con el pintor y reconciliarse. A la hora de irse, como no tienen suficiente dinero para pagar la cuenta, Musetta decide cargarlo todo a la cuenta de Alcindoro.

Al cabo de un tiempo Mimí busca a Marcello para contarle que Rodolfo ha abandonado la casa , a lo que Marcello contesta contándole que Rodolfo se ha quedado a dormir con él. Justamente aparece el poeta, y Mimí se oculta para poder escuchar. Entonces oye que Rodolfo le confiesa a su amigo pintor que ha abandonado a Mimí fingiendo no amarla porque cree que estando con él la enfermedad mortal de Mimí (tuberculosis) avanza más rápidamente, y él prefiere que ella lo olvide para que pueda unirse a alguien que le ofrezca un futuro mejor. Mimí descubre su escondite tosiendo y mientras Marcello los deja solos para ir a encontrarse con Musetta, Rodolfo y Mimí deciden permanecer juntos hasta la primavera. (Aquí se da un cuarteto maravilloso entre Rodolfo y Mimí enamoradísimos y a la distancia Marcello y Musetta en una gran pelea).

Tiempo después, en la buhardilla, mientras Marcello y Rodolfo lamentan la pérdida de sus amores, Musetta entra con una grave noticia: ha encontrado a Mimí vagando por las calles muy enferma luego de haber abandonado a su protector, un vizconde, con quien se había unido en la primavera. Musetta la ha traído con ella y todos, preocupados, salen para conseguir dinero y medicinas con el fin de ayudarla, dejando solos a Mimí y Rodolfo quienes recuerdan con cariño los momentos felices que vivieron juntos. Cuando los amigos regresan con alguna medicina y la promesa de la llegada de un doctor y mientras Musetta reza una plegaria, Mimí queda inconsciente. Poco después Schaunard descubre que Mimí ha muerto. Rodolfo entonces grita y llora sin consuelo.

No hace falta agregar nada. Dejemos que la música se encargue.

Rodolfo le canta a Mimí en el primer acto “Chè gelida manina” (Qué manita tan fría) mientras supuestamente buscan la llave a oscuras. (Roberto Alagna)

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Un jovencísimo Luciano Pavarotti cantando la misma pieza

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Mimí canta “Si, mi chiamano Mimí” (Sí, me llaman Mimí) en la misma escena. Aquí interpretada por Angela Gheorghiu

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“O soave fanciulla” (Oh adorable muchacha) cantada en esta versión en video por Rolando Villazón y Anna Netrebko

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Musetta canta “Quando m’en vo'” (Cuando me voy) para hacer arder en celos a Marcello ante la presencia de Alcindoro. Es una puesta muy divertida. (Segundo acto)

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La misma aria por Diana Damrau, una soprano que vale la pena escuchar.

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Este es el cuarteto del tercer acto donde se contraponen Rodolfo, Mimí, Marcello y Mosetta. “Addio dolce svegliare alla mattina” (Adiós dulce despertar al amanecer)

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“Sono andati?” (¿Se fueron?). Pieza del cuarto acto. Aquí con Plácido Domingo y Mirella Freni

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Hay muchísimo más por escuchar de esta ópera, pero para comenzar es suficiente. Ya tienes un camino.

Una vez más, si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si quieres opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0.

Y como te ofrecí al comienzo, puedes leer lo que al respecto de los artistas y “La Bohéme” tiene para decir, acá cerca, hoy, un amigo que perfectamente podría estar parado en la esquina escuchando ópera.

Tu amor no me deja dormir o ¿Cómo te llamas, muchacho? (Turandot)

Afiche de la óperaOtra vez por acá. Hoy vamos a escribir sobre Turandot, de Puccini. En realidad de Puccini y Alfano, porque Puccini murió antes de terminar el tercer acto y Alfano completó lo que faltaba. Hay una anécdota emocionante sobre el estreno de la ópera y lo que el director Toscanini hizo en esa función. Búscala en Google, ya sabes que acá solo va lo básico.

Otra vez el amor y la muerte. Como siempre. Vamos con el argumento:

La trama se desarrolla en un Pekín imperial de leyenda. Turandot es una princesa desilusionada de los hombres y por eso emite un edicto por el cual quien quiera casarse con ella deberá resolver tres enigmas o en caso contrario morirá. Precisamente por ello el último pretendiente, el príncipe de Persia (no el que tú conoces; ese sigue saltando plataformas), va a ser matado. Entre tanto un viejo hombre ciego, Timur, cae en el tumulto, y su guía Liu pide auxilio. Un príncipe desconocido lo socorre y al hacerlo lo reconoce como su padre; ambos están en un incógnito exilio. Cuando aparece el príncipe de Persia y todos claman sangre, nuestro príncipe ignoto se opone furiosamente, hasta que aparece Turandot y él queda impresionado a tal punto que decide someterse a la prueba de los tres enigmas. Ni los ruegos de su padre, ni el llanto de Liu, ni las razones de los sabios Ping, Pang y Pong (una temprana versión de Hugo, Paco y Luis) logran sustraerlo de su idea. Entonces, para sellar su decisión, grita tres veces el nombre de la princesa mientras golpea el gong ceremonial.

Ya en el palacio nuestro querido príncipe escucha al emperador quien, luego de recordarle la suerte que correrá si no resuelve los enigmas, también le sugiere que desista de la empresa. Aparece Turandot quien recuerda la violación que otra princesa sufriera por parte de un extranjero y en venganza de lo cual ella decretó los enigmas, y también lo conmina a no tentar a la suerte, pero el príncipe testarudo insiste y uno tras otro le son presentados los enigmas, el último de los cuales es el famoso “hielo que te inflama y con tu fuego aún más se hiela”. Al ser respondido correctamente -Turandot-, la princesa se niega a respetar el trato pidiendo no ser entregada como una esclava. Ante esto el príncipe victorioso ofrece una alternativa: si Turandot averigua su nombre antes del amanecer él morirá liberándola de la obligación. Turandot acepta y el emperador, cansado de tanta sangre, le desea suerte al príncipe valiente.

Los heraldos se encargan de advertir al pueblo que nadie ha de dormir hasta que el nombre del príncipe encubierto sea revelado. (Es en este momento que el aria emblemática de la ópera, “Nessun Dorma”, es interpretada por el príncipe tenor.) Los tres sabios ministros tratan de convencerlo de olvidar a Turandot, ofreciéndole mujeres, fortunas e imperios, pero no lo consiguen. Lo amenazan entonces con torturar a Timur y a Liu si no revela el nombre. Es entonces que Liu se adelanta y dice que solo ella conoce el nombre, pero que nunca lo revelará porque quiere mantenerlo en secreto; soporta la tortura y, presagiando que la princesa cederá al amor, muere.
El príncipe airado recrimina a la princesa por su frialdad y ella le confiesa lo que siente realmente por él, y que él ganó no por los enigmas sino por “esa fiebre que me viene de ti” (“you had me at hello…” ok, no…), y le pide que no siga con el intento. El príncipe resignado le revela su nombre mientras suenan las trompetas. Luego, cuando en el palacio y ante el emperador debe decir en voz alta el nombre del príncipe misterioso para sí liberarse del compromiso, Turandot dice “su nombre es… Amor…” con lo que acepta haberse enamorado y querer unirse al príncipe, ¡al fin!, Calaf. El pueblo, emocionado, celebra a coro.

Ahora como siempre vamos a ponerle algo de música a tan buen argumento:

“Popolo di Pechino” al inicio del primer acto, donde se conoce la proclama de los tres enigmas

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Aquí tenemos a Angela Gheorghiu como Turandot cantando “In questa Reggia”

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Liu, interpretada por Kiri Te Kanawa, canta “Signore ascolta”

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La conocidísima “Nessun dorma” (Nadie duerma) cantada aquí por Plácido Domingo (con subtítulos)

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La misma, en versión de Mario Lanza. Pero no compares.

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Todavía despierto, canta José Carreras.

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Tal vez el tenor más conocido, en la versión más conocida.

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Para terminar, esta es una representación de Turandot en la Ciudad Prohibida de Pekín. Si buscas en YT encontrarás todas las piezas de esta version.

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Como siempre digo, si quieres leer todas las entradas del blog deberías comenzar por acá y si quieres opinar, comentar o pedir algo, hazlo aquí mismo o búscame en Twitter como Malfitan0. Después de todo si Calaf, príncipe de Tartaria, podía enamorarse de Turandot, princesa de China, por qué no podrías estar tú parado en la esquina escuchando ópera.